Cusco: cómo llegar en bus a la “Ciudad Imperial”

Hay que tener paciencia y buscar la manera de espantar el aburrimiento; pero no es nada fácil cuando llevas cerca de 20 horas en un ómnibus que da más vuelta que un trompo, mientras sube y baja como si fuera un yoyo. ¿Qué hacer entonces para que el tiempo vuele? Tratar de dormir, entretenerse con cualquier película o mirar el paisaje que corre tras la ventana.
Sí, paciencia, solo queda tener paciencia y esperar, total, no hay viaje que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Tarde o temprano arribarás a tu destino que no es cualquier destino, es Cusco, la “Capital Histórica del Perú”, la ciudad que fue el “ombligo del mundo” andino y el punto de partida para visitar el Valle Sagrado de los Incas y el Santuario Histórico de Machu Picchu.

No te vamos a mentir, si no eres un viajero curtido llegarás agotado, con sueño y quizás hasta con un dolor de cabeza, cortesía de la altura y de la travesía maratónica que iniciaste en la costeña Lima, la capital del Perú. Y es que el trayecto es largo y tedioso, con ascensos y curvas, con pasos elevados, con sol y con frío, con dolores de espaldas por más que el bus sea un «cinco estrellas».
Si las aventuras por carretera no son lo tuyo, pero quieres experimentar un recorrido terrestres desde el Pacífico a los Andes; entonces, te recomendaremos un plan rutero con escalas y pernoctes en lugares estratégicos. Estas te librarán de las más de 20 horas continuas sobre el asfalto y, de paso, te permitirán relajarte en una serie de atractivos indiscutibles.
¿Quieres saber de qué se trata? Acompáñanos hasta el final de esta nota.
En ruta hacia el Cusco

Una hora en avión frente a casi un día en un bus. La elección parece ser sencilla e indiscutible. Hay que volar, aunque los precios varían de manera considerable dependiendo de la fecha elegida. Eso es lo que dicta el sentido común, pero muchas veces las decisiones escapan a la lógica. Existen otros factores, como el deseo de ir “caleteando” —entiéndase haciendo escalas— para no “sufrir tanto” los 1100 kilómetros que separan a Lima del Cusco.
Y ese itinerario que muchos realizan y que ahora te vamos a contar, incluye paradas en Paracas —para conocer la reserva nacional del mismo nombre y las islas Ballestas con su variada fauna marina—; en la laguna de la Huacachina, el “Oasis de América” —donde es un “deber turístico” aprender a deslizarse en una tabla de sandboarding—, y, finalmente, volar sobre las espectaculares líneas de Nasca.

De esa manera tu periplo se convertirá en un tour. Dependiendo de tu disponibilidad y de tu presupuesto, decidirás cuánto tiempo te quedas en cada lugar. Si tu decisión es viajar de manera directa, ten en cuenta que los buses que cubren la ruta Lima-Cusco parten en las tardes (entre las 12:00 p. m. y las 15:00 p. m. Costo: 130 soles). Las unidades hacen paradas de itinerario en las ciudades de Ica, Nasca y Abancay.
Esa una opción. La otra es ir de Lima a Paracas (se recomienda salir de madrugada, Costo: 60 soles); de Paracas a Ica (para pasar la tarde en Huacachina) y de Ica a Nasca, donde pernoctarás. Todos los tramos son realizables en el transporte público, pero si quieres evitar contratiempos y complicaciones los operadores locales ofrecen todos los días el tour Lima-Paracas-Huacachina-Lima.
En tu caso, como no vas a retornar a la capital, coordina con tu guía para que te acerque o te deje en el paradero de los buses y colectivos que van a Nasca (3 horas, 30 soles). Así, “paso a paso” te irás acercando a tu destino final.
Las primeras paradas en la ruta

Qué prefieres: un viaje de más de 20 horas o tomarte un poquito más de tiempo para conocer varios lugares. Qué prefieres: ver el océano y el desierto desde la ventana del bus o navegar en una lancha y deslizarte en la arena. Qué prefieres: pasar casi un día adormilado en un asiento o ser el protagonista de grandes aventuras en Paracas y en las dunas de la Huacachina.
Eso es lo que te proponemos. Cambiar el tedio por la acción. No importa la demora si esta implica zarpar hacia las islas Ballestas desde el muelle de El Chaco (Paracas), con el objetivo de observar el misterioso Candelabro y la biodiversidad que convierte a este rincón del Pacífico en un refugio de delfines, lobos marinos, nutrias, pingüinos de Humboltd, zarcillos y guanayes.
Bienvenidas las demoras si al volver al muelle (atención: las lanchas a Ballestas solo salen en la mañana) continuarás hacia la reserva nacional de Paracas, que está al ladito nomás y a la que llegarás en un auto, para ver flamencos y vestigios prehispánicos en un museo. También para refrescarte en las aguas de playas escondidas y, por qué no, probar la gastronomía marina.

Después de gozar de la reserva, enrumba hasta Ica. Si no has tomado un tour, no te estreses. En Paracas encontrarás buses directos (costo: 25 soles). Otras posibilidades son: tomar un colectivo a Pisco (la capital de la provincia), donde parten los buses hacia Ica o salir a la Panamericana Sur, a esperar las unidades que vienen de Lima. El trayecto dura una hora por una vía completamente asfaltada.
Ya en la “Ciudad del Eterno Sol” dirígete al oasis de la Huacacina (5 km del centro). En este espejismo hecho realidad, el desierto tiene matices de verdor y una laguna de aguas subterráneas, rodeada por dunas que refulgen al sol y que son perfectas para la práctica del sandboarding. Después de atreverte a “surfear” en la arena, brinda con un vino o un pisco, la bebida de bandera del Perú.
Una escala en las líneas de Nasca

Si los vinos iqueños y el pisco que solo es peruano te alegran tanto el espíritu que te dan ganas de quedarte en Huacachina, no hay inconveniente. En el oasis encontrarás varios hoteles para pasar la noche. Si eso no ocurre, retorna a la ciudad para marcharte a Nasca. La distancia es de 145 kilómetros. Ya en tu destino busca un alojamiento y mentalízate para vivir una jornada extraordinaria.
En Nasca es prioritario volar sobre las famosas líneas y geoglifos trazados en la pampa por los antiguos. No te vayas de la ciudad sin haber visto desde el aire al astronauta, el colibrí, el cóndor, el mono, la ballena, las manos y demás figuras, cuya función y finalidad todavía son un enigma para los investigadores. Esta incertidumbre científica las hace aún más interesantes.
El sobrevuelo dura de 30 a 40 minutos. Las avionetas parten todos los días del aeropuerto María Reiche Neuman (a 4 km del centro) y el costo boleto varía de acuerdo con la empresa operadora. El precio bordea o supera los 300 soles (depende de la temporada). Sí, esos soles que te ahorraste en el pasaje aéreo al Cusco, serán bien invertidos porque la experiencia de avistar los geoglifos es única.

Al volver a tierra es un excelente plan conocer Cantayoc, los acueductos que permitieron a los antiguos aprovechar el agua subterránea, y Cahuachi, un centro ceremonial de adobe en el que resalta una gran pirámide. Lugar de peregrinación, es el mayor legado arquitectónico de los nasca o nazca, la cultura prehispánica que se asentó en el valle y el desierto iqueño entre el siglo I y VII de nuestra era.
Al volver a la ciudad, compra tu pasaje en cualquiera de las empresas que van al Cusco (130 soles, aproximadamente). Los buses vienen de Lima y pasan por Nasca a partir de las 10:00 p. m. Ten en cuenta que aquí empieza el desvío asfaltado que, después de muchas pendientes, bajadas y curvas que cruzan varias localidades de las regiones Ayacucho y Apurímac, llega triunfalmente a la “Ciudad Imperial”.
El último tramo

De la costa a los Andes en una noche viajera en la que no es una mala decisión tomar una pastilla contra el soroche (mal de altura) y cenar algo ligero antes de empezar el viaje. Otro consejo, en la medida de lo posible elije una empresa que cuente con asientos cama o semicama. La comodidad es fundamental si quieres conciliar el sueño en los trayectos sinuosos.
Duerme o trata de dormir. Así, al despertar, verás con sorpresa como el paisaje cambió radicalmente. Ya no hay desierto, hay montañas. Una clase vivencial de geografía sobre los diversos pisos ecológicos del Perú. Ya en la mañana, pasarás por Abancay (2377 m s.n.m.), la capital de la región Apurímac. Una ciudad de clima generoso que tiene mucho que mostrar, aunque suele ser ignorada por los turistas.

Si quieres ser la excepción que confirma la regla y decides hacer una última parada, te sugerimos visitar el santuario nacional de Ampay y los baños termales de Cconoc, además de probar los sabrosos tallarines de casa con gallina, una de las especialidades gastronómicas de este destino. Cerca de Abancay está el pueblo de Cachora, uno de los puntos de partida a la zona arqueológica de Choquequirao.
Pero no nos desviemos más. Tu destino es Cusco (3400 m s.n.m.), adonde llegarás al rayar el mediodía. De ti depende si lo haces de corrido desde Lima o si realizas algunas de las paradas sugeridas en este relato. El itinerario final lo eliges tú, siempre tú. Eso sí, ten la certeza de que hagas lo que hagas, la experiencia será inolvidable, ya sea por el titánico trayecto en bus o por las escalas turísticas en la ruta.
¿Cuáles serán tus recuerdos?… Lo sabrás en tus próximas vacaciones en Perú. ¡Que esperas para visitarnos!

noviembre 15, 2024