Tambopata: aventuras en la Amazonia

Esa visión inesperada era la señal de que volvería a la reserva nacional Tambopata. Eso fue lo que pensé en aquel amanecer brumoso en el que surcaba el cauce de un rio amazónico con destino a Puerto Maldonado, la capital de la región Madre de Dios, después de varios días de aventuras en las trochas (senderos rústicos y barrosos) y cochas (lagos o lagunas) de un bosque biodiverso.

No me equivoque. Años después, al navegar por esas mismas aguas, pero en sentido contrario, recordaría aquel pensamiento y la visión inesperada que lo motivo: un tigrillo encaramado en la rama de un tronco seco anclado en una playa fluvial. Entre la niebla, el felino parecía ser un tótem y un guardián atemporal de esa selva de la que me alejaba, de esa selva a la he vuelto varias veces.

Pero en ninguno de esos retornos se repetiría aquella escena fantástica que marcaría mi primera visita y mi primer adiós a Tambopata, el área protegida en la que busqué caimanes en las noches y vi pescar a un lobo de río, en la que observé el vuelo colorido de lo guacamayos y los saltos gimnásticos de los monos, en la que encontré una tarántula en mi carpa y una huella de jaguar en mi camino.

Tranquilo, no te hará nada. Ahorita la saco”, extinguió mi miedo el guía que me acompañaba en ese bosque que los expertos llaman selva húmeda subtropical del sur oriente peruano. “No tengan miedo. Él nos está mirando y solo saldrá cuando nos vayamos”, prevé los planes del jaguar, el nativo que nos mostró una huella fresca de otorongo, como también es llamado el felino mas grande de la Amazonía.

A ambos les creí. Ellos conocían la reserva, la mostraban y la interpretaban para los investigadores y turistas que exploran los cauces y los senderos de uno de los destinos verdes más populares del Perú por su cercanía a Puerto Maldonado (40 min en bote) y su accesibilidad desde el Cusco. Solo hay que volar una hora desde la antigua capital de los incas para aventurarse hacia la biodiversidad.

Una ciudad en el bosque

De la cordillera a la selva. De las montañas andinas a las llanuras amazónicas. De la altura que tienta al soroche al calor que te sofoca hasta en la sombra. Todo cambia al bajar las escalinatas del avión o del bus (9 h, 80 soles) que te lleva del Cusco, la “Capital Histórica del Perú”, a Puerto Maldonado, la “Capital de la Biodiversidad” por la carretera Interoceánica.

Esos contrastes son parte de la magia de viajar por el Perú, una nación de múltiples geografías, escenarios naturales y condiciones climáticas. De eso te darás cuenta al llegar a Puerto Maldonado (al sureste de Lima), una ciudad “sembrada” por el cauchero Carlos Fermín Fitzcarrald en 1894 en las orillas boscosas de los ríos Tambopata y Madre de Dios.

La semilla urbana se convertiría en ciudad oficialmente en 1902. Diez años después sería designada capital del departamento (hoy región) Madre de Dios. Animada y bulliciosa por los “enjambres” de motocicletas que circulan por sus calles, Puerto Maldonado es una pincelada de urbanidad entre la exuberancia amazónica y los poderosos cauces de sus ríos.

En la temporada seca sus orillas se convierten en playas (de abril a octubre). Si estás de ida o de vuelta de Tambopata en esos meses, tómate un día para “veranear” en las riberas fluviales. Es una experiencia singular en la que compartirás con la gente de Puerto Maldonado, muchos de ellos son hijos o nietos de migrantes andinos que se internaron en el bosque en busca de nuevas oportunidades.

No es lo único que puedes hacer en esta ciudad accesible por vía aérea y terrestre desde Lima y Arequipa, y solo por carretera desde Puno y Brasil, a través de la vía Interoceánica. Aprovecha tu estancia para visitar la plaza Grau, con sus magnificas vistas del río Madre de Dios, el puente colgante Billinghurst o Continental y el Obelisco o mirador de la Biodiversidad. 

Un paraíso de la flora y fauna silvestre

La selva: caminarla, explorarla, sentirla y vivirla en Tambopata. El destino verde que te espera, te sorprende, te arrulla con los “cantos” y las “voces” de su prodigiosa fauna. Aquí la naturaleza es el mayor atractivo. Aquí no encontrarás restos arqueológicos ni construcciones monumentales. Aquí las excursiones siempre son distintas, únicas, irrepetibles.

Por eso al tigrillo no lo volví a ver. Tampoco a la tarántula que quiso “dormir” en mi carpa. Por eso no me atrevo a decirte que animales avistarás en tus excursiones por esta reserva creada el 4 de setiembre de 2000, en tus salidas turísticas por un destino impredecible que es el hábitat de 648 especies de aves, 108 de mamíferos, 123 de reptiles, 323 de peces y 1713 especies de flora.

Vida, mucha vida, tanta vida silvestre en las 274 690 hectáreas de Tambopata, donde existen tres zonas turísticas claves: el lago Sandoval, un espejo de agua con palmeras y aguajales, con lobos de ríos y guacamayos; el sector Medio Tambopata, al que se llega navegando (dos horas aproximadamente) desde la comunidad nativa de Infierno. En esta zona se conocen los lagos Condenado I y II, Cocococha y Sachavacayoc.

No te asustes. En esta travesía no te encontrarás con el diablo ni con terroríficas almas en pena. Tampoco es necesario llevar agua bendita para protegerse del maligno. Nada de eso. Solo disfrutarás del paisaje, de la quietud del bosque y, si la suerte te acompaña, avistarás caimanes, aves de todos los tamaños y colores, y osos perezosos, por mencionar solo algunas especies.

El tercer sector es el Alto Tambopata. Visítalo si tienes una predilección especial por las aves coloridas. ¿La razón?… aquí se encuentra la collpa Colorado, la más grande de la Amazonía peruana, “donde se puede apreciar a cientos de guacamayos y loros turnándose por obtener arcilla para su alimentación”, se explica en la web oficial del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp).

Experiencia amazónicas

Navegar. El viento golpetea tu rostro; de pronto, el guía ordena detener la marcha al motorista de la canoa. “A la izquierda hay un caimán”, informa y señala al reptil que se baña de sol en la orilla. Cerca de él revolotean varias mariposas. El animal las ignora y hace lo mismo con los extraños que lo miran absortos. Quieto e imperturbable parece una escultura de cuatro metros de largo.

Caminar. Una linterna rasga la oscuridad de la noche. “No hagan ruido”, sugiere el guía para que las voces de los viajeros no opaquen la sinfonía de la fauna silvestre. Aquí no hay silencio. Aquí se escucha el canto interminable de los seres que se ocultan en la espesura. La selva se expresa y tú la oyes mientras avanzas por una trocha de barro, por un sendero cubierto de hojas y semillas.

Explorar. Falta poco, te arenga el guía que blande su machete para cortar las ramas intrusas que bloquean el camino. Quieres creerle, pero dudas. Ayer te dijeron que no llovería y en la noche se desató un diluvio, confirmando que la Amazonía es caprichosa. ¿Qué podría suceder ahora que vamos hacia una cocha escondida? No lo sabes. Eso alimenta tu expectativa y tus ganas de seguir andando.  

Aprender. El bosque no es un parque de diversiones ni un zoológico. Tienes que ser precavido, respetar a la flora y fauna silvestre y caminar siempre con cuidado. Míralo todo con atención y con deleite. Escucha y sigue las recomendaciones del guía para que tu estancia en Tambopata sea intensa y reveladora, pero sin contratiempos. Recuerda en cada uno de tus pasos que la naturaleza manda en la selva.

Decidirse. Si quieres navegar, caminar, explorar y aprender, anímate a vacacionar en Tambopata, donde encontrarás albergues y lodges ecológicos que te servirán de base y punto de partida hacia los bosques, aguajales, castañales, collpas, lagos, cochas y ríos de una reserva que es el hábitat de varias especies en situación vulnerable.

Una reserva, varias opciones turísticas

Si nunca has estado en la selva. Si el bosque te da un poquito de miedo por sus bichos, insectos y serpientes. Si crees que la pasarás mal porque no tendrás ninguna comodidad, te doy una buena noticia: estás equivocado. Tambopata es un destino preparado para ofrecerte una aventura segura y confortable en uno de los espacios naturales con mayor diversidad del planeta.

Atrévete a descubrir la Amazonía peruana. Hacerlo no es complicado. Los operadores locales ofrecen diversos programas. Si estás contra el tiempo, opta por una excursión de día completo al lago Sandoval o por una salida de 2 días / 1 noche; pero, si te fascina la idea de internarte en la espesura, elige un tour de 6 días / 5 noches, entonces, te sentirás un explorador legendario.

Tu decides, tu eliges: una escapada rápida o una travesía profunda. ¿Qué te recomendamos? La respuesta es sencilla: depende de tu interés y de tu experiencia previa en lugares similares. Si será tu primera vez y no sabes cómo te sentirás en un logde en el medio del bosque, toma un tour corto y tendrás un vistazo general del destino.

Si eres un viajero fogueado. Si estás acostumbrado o te ilusiona navegar por los ríos y caminar por zonas fangosas. Si el calor y las lluvias no te espantan. Si no te molestan los bichos ni te asusta la posibilidad de acampar una o más noches y si te entusiasma la idea de quizás, tal vez, avistar y fotografiar un jaguar o una sachavaca, prepara tu mochila e intérnate varios días en la naturaleza.

Pero más allá de las horas y los días de permanencia, la selva peruana es un excelente alternativa turística. Y aunque no podemos asegurarte que animales conocerás ni lo que te sucederá en tus recorridos, sabemos que vivirás una extraordinaria experiencia en un destino verde que es vital para el planeta, porque los pulmones de nuestra casa global están en Tambopata, están en la Amazonía.

febrero 14, 2025