Cusco: plan estratégico para visitar Pisac

Sin guía y sin formar parte de ningún grupo. Solito nomás emprendería una escapada ajena a las prisas y a las exigencias del reloj. Lo admito, no era una travesía complicada, pero sería muy reveladora. De eso estaba convencido porque en mis visitas anteriores al parque arqueológico al que me acerco paso a paso, me quedé con la sensación de que me faltaba mucho por descubrir.
Esa inquietud me llevaría a trazar un estrategia que ejecutaría en varias etapas. La primera fase era sencilla, al menos en teoría. Y es que nunca es fácil abandonar el casco antiguo y fundacional del Cusco, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1983 por la Unesco, al ser “un ejemplo representativo de la confluencia de dos culturas distintas: inca y española”.
Bueno, tampoco era una tragedia. El plan preveía mi desplazamiento a uno de los destino favoritos de los viajeros y turistas que llegan al Perú. Así que la nostalgia por alejarme de la ciudad fundada en un tiempo mítico por Manco Capac y Mama Ocllo no duraría demasiado. Todo lo contrario, se esfumaría al abordar el autobús o la van que me conduciría al Valle Sagrado de los Incas.

La segunda etapa consistía en la búsqueda de un alojamiento sencillo y acogedor para pasar la noche. Al día siguiente despertaría temprano y, como al que madruga Dios lo ayuda, exploraría a plenitud la naturaleza andina y la herencia arquitectónica de los “Hijos del Sol”. Disfrutaría, además, de las tradiciones de Pisac, el pueblo y la zona arqueológica que visitaría a mi propio ritmo.
Sí, esos eran mis objetivos finales: explorar los andenes, templos, viviendas, caminos y acueductos de uno de los monumentos más impresionantes del Perú prehispánico, y, de paso, me aventuraría por el colorido y variado mercado de Pisac. Una experiencia vivencial en el que las calles se convierten en el escenario de intensos intercambios de productos agrícolas y artesanales.
Cusco, el punto de partida

Adiós a la plaza de Armas, al Qoricancha o templo del Sol, a la piedra de los 12 Ángulos, al barrio de artesanos de San Blas y a las iglesias coloniales levantadas sobre muros incaicos. Es tiempo de partir. Es momento de alejarse de las calles vibrantes del Cusco, de sus restaurantes en los que reina el buen sabor, de sus bares, pubs y discotecas que alargan las noches viajeras, las noches cosmopolitas.
Partí con la promesa del volver. Es mi costumbre, siempre lo hago cuando me marcho del que fuera el “Ombligo del Mundo” del mundo andino (3400 m s. n. m.). Mi destino es el distrito de Pisac (provincia de Calca) en el Valle Sagrado de los Incas, formado por las aguas del río Vilcanota-Urubamba, su espléndida geografía y su herencia cultural, lo convierte en un destino turístico ineludible.
La manera más sencilla, rápida y cómoda de conocer los pueblos del valle es contratar los servicios de un operador local. Los full days incluyen paradas de itinerario en Pisac, el “Pueblo de los Andenes”, Ollantaytambo, la “Ciudad Inca Viviente” y Chinchero, la “Tierra del Arcoíris”, donde resalta el arte textil. Los tours incluyen un almuerzo bufé y guiado profesional.

Una excelente alternativa si tienes una agenda apretada o si deseas liberarte de la responsabilidad de organizar tus idas y venidas. Si ese no es tu caso ejecuta el plan que te estoy contando. Este te permitirá empezar a conocer por cuenta propia el Valle Sagrado. Hecha esta explicación agarro mi mochila y me voy a la calle Puputi, localizada a 25 min a pie y a 15 min en auto del Centro Histórico del Cusco.
En este punto salen los buses y las vanes hacia Pisac (Distancia: 33 km. Tiempo: 1 h, aproximadamente). El costo del pasaje fluctúa entre los 10 y 15 soles (de 3 a 5 dólares). Te recomiendo sentarte al lado izquierdo del vehículo para que disfrutes del panorama del valle. Ya en el pueblo encontrarás una variedad de restaurantes y hoteles. También tendrás las primera visiones de los andenes prehispánicos.
Un día en Pisac

Pisac: visiones andinas, pasado incaico. Fue Pachacutec, el noveno “Hijo del Sol” y el “Transformador del Mundo”, quien ordenaría su construcción en el siglo XV. Fines agrícolas, religiosos, militares y astronómicos, justificaron la majestuosa obra en la cima de una montaña. En sus laderas, los ingenieros prehispánicos “esculpirían” vistosos andenes o terrazas de cultivo que siguen maravillando a quienes los ven.
Pisac: incertidumbre y caos. 1532, los españoles invaden la llaqta (ciudad) inca. Destrucción y saqueo. Ellos buscaban riquezas. Ellos querían oro y plata. Los quechuas no entienden lo que sucede. Su mundo se acaba. Su sociedad se termina; entonces, huyen, abandonan los recintos de piedra y se refugian en las faldas de la montaña. Ahí se quedarían. Ahí surgiría la villa colonial.
Pisac: despertar temprano a 2972 m s. n. m. Verificar si llevo en mi morral el Boleto Turístico Integral o Parcial III (atención: si no lo tienes adquiérelo antes de ingresar). Surge una duda: tomar un taxi hacia el acceso principal del parque arqueológico o caminar por la calle Intihuatana (bordea la plaza Constitución, el corazón urbano del distrito) hasta la garita de control e ingreso (distancia: 400 metros).

Descarto la ayuda motorizada: llegaré por mis propias fuerzas. No importa cuanto demore. Tampoco me dejaré vencer por el cansancio ni los 3300 m s. n. m. a los que ascenderé. Avanzo. El camino me regala visiones fantásticas de las andenerías, del entramado urbano, del sinuoso cauce del río. El sendero me acerca a torreones de piedra, a los cinco barrios de la llaqta y hasta un túnel abierto en la montaña.
Mi destino me sorprende por su belleza paisajística, por su espléndida arquitectura, por sus plazas, templos y palacios, por su Intihuatana (“donde se amarra el sol” en español), que cumplía “la función de observatorio astronómico en tiempos del incanato. La finura de sus muros de roca tallada concuerda perfectamente con el nacimiento del sol, en el solsticio de junio (llegada del invierno)”.
Compre, papacito

Eso no lo escuché. Eso lo leería después en el Inventario de Recursos Turísticos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur). Recuerda que mi plan era observar sin recibir explicaciones ni preocuparme por el paso del tiempo. Quería disfrutar plenamente de la ventaja efímera y momentánea de estar en el parque arqueológico mucho antes del arribo de los buses turísticos.
A quien madruga Dios lo ayuda, recordé en ese momento. Me sucedió lo mismo al recorrer el mercado popular de Pisac. Si bien todos los días se ofertan productos del campo y hermosos trabajos artesanales, los martes, jueves y domingos son jornadas especiales. Esos día hay más color y movimiento, más vendedores y compradores, más voces que negocian en quechua, en español e inglés.
Pisac en día de mercado y de feria. Calles invadidas. Plaza rodeada por comerciantes que bajan de las alturas, que vienen de las comunidades del valle, que remontan la cordillera desde la selva para comprar, vender e intercambiar papas nativas, choclos, hojitas de coca, hierbas que curan todos los males, entre otros productos provenientes de la generosa Mamapacha (Madre Tierra).

La oferta es amplia y variada. De todo un poco en un rincón del Valle Sagrado. Desde tintes naturales hasta ollas de barro. Desde spondylus, las caracolas o pututus que los chasquis soplaban para anunciar su llegada, hasta chips de celulares. Lo antiguo y lo moderno en un mercado diferente, animado, popular… también turístico que visito con calma y con los ojos y oídos bien abiertos.
Así, entre puestos de verduras, tubérculos y productos de pan llevar, entre ponchos, mantas, esculturas, joyas y diversidad de inspiradas artesanías, terminó mi plan viajero en Pisac. Un plan en solitario que te invito a replicar en este pueblo antiguo o en cualquier otra comunidad o distrito del Cusco inca e hispano, un destino en el que siempre hay algo por descubrir sin apremios ni apuros.

octubre 25, 2025