Cusco: Kusicancha, el “recinto de la alegría”

Imagina una mañana soleada en el Cusco, una mañana de cielo despejado, una mañana sin excursiones programadas. Hoy quieres descansar porque ayer en la noche volviste del famoso Camino Inca a Machu Picchu o de los cuatro días de andar en Choquequirao o, tal vez, terminaste de darle la vuelta al apu Ausangate o fuiste y regresaste de Vinicunca, la montaña de 7 colores.
También podrías estar recuperando fuerzas después de un viaje memorable a los bosques biodiversos del parque nacional del Manu o la reserva nacional Tambopata —dos escapadas a la región Madre de Dios que te tentarán cuando estés en Cusco—. Pero dejemos de pensar en los lugares de los que podrías volver y enfoquémonos en lo que harás en la mañana que estamos imaginando.
Una mañana de relajo. Una mañana para recuperar fuerzas y energías. Una mañana en la que, tarde o temprano, caminarás sin rumbo fijo por el Centro Histórico de la “Ciudad Imperial”. Y en esas andanzas por la plaza de Armas, el barrio de San Blas, la Piedra de los 12 Ángulos y el mercado central de San Pedro, entre otros lugares, tus pasos terminarán llevándote, acaso sin quererlo, a un “recinto feliz”.

No, no es un parque de diversiones con juegos extremos ni una picantería (restaurante típico) que alegra los paladares. Tampoco es un pub donde se brinda en varios idiomas o una de las animadísimas discotecas cusqueñas. Nada de eso. Recuerda que esta es una mañana de quietud y tranquilidad en las plazas y calles de una ciudad declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.
Si quieres saber qué es el “recinto feliz”, en qué calle se encuentra y si tendrás que pagar para visitarlo termina de enterarte de todo lo que sucedió en la mañana soleada y de cielo despejado que estamos imaginando, pero que se convertirá en realidad cuando te animes a pasar tus vacaciones en el Perú y el Cusco, donde no solo estarás feliz en un recinto sino en todos sus destinos y atractivos turísticos.
El camino a Kusicancha

Plaza de Armas. Hay sol. Te sientas en una de sus bancas. Ves la pileta, la Catedral, los portales, a los cusqueños que aceleran el paso para llegar a sus trabajos y a los viajeros que toman fotografías o se preparan para iniciar sus tours. No es tu caso. Hoy te quedas en el casco antiguo para explorarlo a pie. Es un gran plan en una ciudad como el Cusco, donde cada rincón tiene una historia.
Te levantas y das tus primeros pasos. Bordeas la plaza. Te llama la atención una calle estrecha al lado de la iglesia de la Compañía de Jesús. “Acorralada” por soberbios muros incaicos, esta vía peatonal es llamada Loreto, pero también Intik’ijllu (el “callejón del Sol” en español). No lo pienses más. Camínala, aunque estés un poco cansado. Total, no es muy larga y te hará viajar hacia al pasado.
Por el callejón del Sol llegarás a la calle Maruri. En este punto dirígete a la izquierda. En tu andar divisarás unos ventanales de vidrio. Detén tus pasos y acércate a ese lugar que no es un cualquier lugar. Es una zona arqueológica en el corazón urbano. Es una construcción cargada de historia y simbolismo por ser el espacio en el que nació el inca que transformó el mundo.

Así de importantes y trascendentes son los diversos ambientes de Kusicancha, el palacio prehispánico localizado entre el Qoricancha (el templo en el que los “hijos del Sol” adoraban a su padre) y Pukamarca (el “lugar rojo” en español), una monumental construcción que te sorprenderá por sus imponentes muros de piedra (hoy es la sede de una institución bancaria).
No te quedes afuera del “recinto feliz”. No te conformes con mirarlo a través de las ventanas. No te preocupes si no tienes el boleto turístico o si tu presupuesto es ajustado. El ingreso es gratuito de lunes a viernes entre las 7:00 a. m. y las 6:00 p. m. Los sábados y domingos las puertas se abren una hora después (8:00 a. m.), pero el horario del cierre se mantiene. ¡Adelante y a disfrutar!
El hogar del inca Pachacutec

Pachacutec, el noveno gobernante inca, consolidó el imperio de los “hijos del Sol”. Ese hombre que transformó el mundo andino, nació y vivió con su panaka (la familia real) en los ambientes de Kusicancha, según el cronista, científico y misionero jesuita español Bernabé Cobo (1582-1657), quien viajaría por los Andes evangelizando e investigando la naturaleza e historia de los pueblos precolombinos.
Pero la historia de este sitio arqueológico no empieza con Pachacutec y su panaka real. Durante el proceso de restauración y puesta en valor de este palacio, los investigadores encontraron evidencias que revelaron que las culturas preincaicas cotacalle (500 a. C.), lucre (del 600 al 1000 d.C. y killke (900 al 1200 a. C.), ocuparon este espacio monumental en la actual calle Maruri del Centro Histórico.
Investigar, excavar, encontrar. Maravillarse al descubrir 17 sectores funerarios en los trabajos de recuperación, impulsados por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco. Dos de ellos eran de la cultura killke, los restantes pertenecían al periodo incaico. No fueron los únicos hallazgos. Cerámica y varios objetos metalúrgicos sirvieron para aclarar parte de las sombras que cubrían al Kusicancha.

Pasado, tanto pasado te espera en un lugar que demuestra que el Cusco actual mantiene sus raíces milenarias y que cualquier recorrido urbano puede terminar frente a recintos rectangulares con bases de piedra tallada que sirvieron de viviendas (sus techos eran de ichu o paja), o recorriendo un patio central surcado por canales de agua de uso doméstico y para la circulación del drenaje.
Esa es la magia de la “Capital Histórica del Perú”. Una ciudad que es un museo al aire libre y en la que cada parada es una lección sobre la cultura andina. También una invitación a imaginar como sería la plaza de Armas, el Qoricancha o el Kusicancha cuando gobernaba Pachacutec, el joven valiente que, en la pampa de Anta, salvó a su pueblo de la invasión de los guerreros chankas.
Kusicancha: el palacio convertido en cuartel

Reflexiones en Kusicancha. ¿Había mucha agitación o reinaba el silencio en los tiempos de Pachacutec? ¿Cuánta gente, entre familiares y sirvientes, ocuparían sus recintos? ¿Será verdad, como aseguran algunos investigadores, que aquí se elaboraban objetos rituales y se preparaban los alimentos y las bebidas que se consumían en el Qoricancha?
Quizás sea cierto, tan cierto como que este palacio incaico fue un cuartel del Ejército Peruano en la época republicana. 27 de noviembre fue el nombre de la instalación militar que empezó a operar en 1934 y se mantuvo en funcionamiento hasta el 29 de marzo de 2001, cuando el Ministerio de Defensa entregó las instalaciones al Instituto Nacional de Cultura (INC), hoy Ministerio de Cultura.
Esa fecha marcó el renacimiento del “recinto de la alegría” que sería restaurado y puesto en valor. Fue una ardua labor porque desde la llegada de los españoles el lugar fue modificado y gran parte de sus canales destruidos. Las bases de piedra de la casa real de Pachacutec, se utilizaron para construir distintas edificaciones coloniales. Un proceso que se repitió en todo el Cusco antiguo.
Hoy Kusicancha ya no es un cuartel, tampoco los aposentos de la panaka del inca que transformó su mundo. Es un espacio recuperado, un monumento arqueológico rescatado del olvido para mostrarle a todos los que recorren el Cusco, como era la ciudad antes de la llegada de los españoles. No esperes más y se uno de los viajeros que explora el “recinto de la alegría”.
No lo imagines, vívelo. ¡Te esperamos!

enero 3, 2025