Vinicunca: los colores de una montaña viral

Un día apareció en el ciberespacio. No recuerdo el año ni quien fue el primero en lanzar el video. Lo que tengo claro es que todo sucedió cuando todavía no se hablaba tanto de los “virales” y el Facebook era la red todopoderosa, porque los trinos del pajarito azul del Twitter apenas si se escuchaban y nadie imaginaba que algún día aparecería un espacio tan dinámico como el TikTok.
Fue en Facebook —salvo que mi “disco duro” mental esté dañado— donde la aldea global vio con ojos de incredulidad las imágenes de una montaña colorida, tan colorida que no parecía real. Inteligencia artificial, se diría en estos tiempos en lo que todo se pone en duda, pero aquel video era real. Ese lugar existía y quedaba en Cusco, el principal destino turístico del Perú.
Sí, en el Cusco de Machu Picchu y Saqsaywaman, de Ollantaytambo y Choquequirao, del Valle Sagrado y el Camino Inca, del Inti Raymi y la fiesta de la Virgen del Carmen. Sí, en ese Cusco que desde la publicación del video viral es también de Vinicunca o Winikunka, la espectacular montaña de los “siete colores” que se yergue imponente en el distrito de Pitumarca, provincia de Canchis.

Expectativa, curiosidad y ganas de estar ahí. ¿Cómo sería la montaña y por qué se sabía tan poco de ella antes de la aparición en la Internet? ¿Sería fácil visitarla o era un lugar casi inaccesible, reservado para viajeros todoterreno? Tantas preguntas que solo se resolverían viajando por una provincia que jamás había visitado, explorando caminos de altura y descubriendo una geografía montañosa.
No era el único. Éramos muchos los que queríamos coronar los 5200 metros de la “colina del cuello angosto” (esa es una de las traducciones de su nombre en quechua) para ver en vivo y en directo sus franjas de diversas tonalidades que tienen su origen en la acumulación de sedimentos de diversos minerales, como el sulfuro de hierro, el óxido de hierro y el magnesio, entre otros.
Un destino a todo color

Y fue así como gracias a una red social, una montaña de colores irrumpió en el panorama turístico del Cusco, una región en la que se siguen abriendo rutas, encontrando atractivos naturales y poniendo en valor zonas arqueológicas antes ignoradas. Esa apertura permite renovar los itinerarios y ampliar los circuitos, convirtiéndose en una tentadora razón para volver una y otra vez.
¿Cuántos retornaron —o retornamos— al “ombligo del mundo” con el único objetivo de ir a Vinicunca? ¿Cuántos otros cambiaron (o cambiarán) sus planes y la incluyeron en sus planes vacacionales. ¿Tú eres uno de ellos?…; entonces, toma en cuenta mis consejos y recomendaciones. Estos te servirán para que tu excursión sea exitosa y disfrutes al máximo de Vinicunca.
La primera advertencia para evitar que te decepciones, es que los colores no son tan intensos y brillantes como se ve en la mayoría de las fotos y videos. A muchos se les va la mano en la edición y transforman la realidad generando falsas expectativas. Eso es innecesario. Igual, el “cerro colorado”, como lo llaman los comuneros locales, no necesita del photoshops para ser impresionante.

La altura es otro factor que debes considerar. Si todavía no estás aclimatado y los síntomas del soroche te acechan, lo mejor es que postergues tu salida. Recuerda que para llegar a tu destino tendrás que caminar durante más de 2 horas y que el último tramo es una subida exigente (45 min). Tu experiencia viajera podría ser pésima si tu cuerpo no responde a los retos del camino.
Tampoco es recomendable trasnochar en la víspera a tu partida. Los tour a esta montaña de la cordillera de Vilcanota, donde se impone el magnífico apu Ausangate, empiezan de madrugada. Si vas a hacerlo por tu cuenta, igual tendrás que despertar antes del amanecer, entonces, no te vayas de fiesta. Acuéstate temprano por más que la noche cusqueña sea fascinante.
Un mal día en la montaña

Un video en las redes. Ahora los colores no son deslumbrantes. Todo lo contrario. El cielo está opaco y la montaña envuelta entre brumas, mientras una turista expresa su frustración. Tanto caminar para no ver nada o ver muy poco. Ella se siente engañada y se lo cuenta al mundo a través de la Internet. Su voz se escucha y cosecha comentarios a favor y en contra.
Otra vez Vinicunca es viral, aunque en esta ocasión por otras razones. La turista no mentía. A ella le tocó un mal día. El clima en la cordillera es cambiante e incierto, más aún si viajas en la época de lluvias (octubre a marzo). Ten presente este detalle y trata de programar tu visita en otra fecha. En caso contrario, se consciente que tu destino no es un parque de diversiones en el que todo está controlado.
La naturaleza es impredecible. Nunca lo olvides. La niebla, la lluvia o el granizo pueden ser tus “compañeros” por unos minutos, un buen rato o quizás durante todo tu ir y venir, pero esa posibilidad que se reduce en la época seca (abril a setiembre), no debería intimidarte. Al final, son gajes viajeros, situaciones que ocurren cuando se sale de casa a explorar el mundo.

No descartes a Winikunka porque alguien la visitó en un mal día; más bien, piensa en todos los que retornaron cansados, pero contentos, después de visitarla. Quien te escribe es uno de ellos. Dos veces he estado en su cumbre. La primera en el cuarto día de las cinco jornadas del trekking al Ausangate, una de las rutas de senderismo más exigentes y deslumbrantes del Cusco.
Aquella vez llegué a la montaña muy temprano. Los grupos de turistas provenientes de la ciudad todavía no peregrinaban en sus faldas multicolores. A esa hora éramos muy pocos los que ascendíamos a la “colina de cuello angosto”. El aire escaseaba, mi corazón vibraba como un tambor y mis piernas, aunque cansadas de las andanzas previas, avanzaban paso a paso, metro a metro.
Vinicunca sin filtros

Lo logré en esa mañana fría de sol escaso. No era el escenario luminoso que soñé cuando estrené mis pasos en los dominios del Ausangate, pero no me sentí defraudado. Ahí estaba la montaña. Ahí estaban sus franjas que quería ver sin filtros ni retoques. Ahí resaltaban todos sus colores que son el resultado de “una compleja historia geológica de sedimentos marinos, lacustres y fluviales”.
Esa historia, contada en un documento de la Oficina de Paisaje Cultural de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco y citada en un artículo de BBC Mundo, explica que los “sedimentos, transportados por el agua que antes cubría la zona, datan de entre los periodos terciario y cuaternario, es decir, de hace unos 65 a dos millones de años”.
Al formarse la cordillera, las capas o franjas de sedimentos se elevaron y quedaron en la superficie. Con el paso del tiempo estas “fueron adquiriendo sus colores llamativos a causa a la oxidación de sus minerales, ejercida por la humedad de la zona, y a la erosión de los mismos”, explicó en el artículo citado César Muñoz, miembro de la Sociedad Geológica del Perú (SGP).

Ya en la cumbre, un comunero me contó que las franjas de colores no se veían antes porque la montaña tenía hielo. Esa versión coincide con la opinión de Juan Carlos Gómez del Instituto Geofísico del Perú (IGP) quien, en el artículo citado, comentó que: “el cerro estaba cubierto «parcialmente» de hielo y que recibía nieve temporal hasta inicios de los años 90” del siglo pasado.
¿Fue el cambio climático el que “desnudo” a la montaña? ¿Fue esa tragedia global la que nos permitió descubrir una belleza geológica? No hay certezas, pero es una posibilidad. Lo indiscutible es que después de las nevadas en la zona del Ausangate, un manto blanco cubre las franjas rosadas, blanquecinas, moradas, rojas, verdes, pardas amarillentas y doradas de la ya famosa “montaña de colores”.
El camino a la montaña

Un día y dos rutas para ir y volver a Vinicunca. Ambas empiezan en el Cusco de madrugada (3400 m s.n.m.) e implican caminatas exigentes. Ambas puedes hacerlas de manera independiente o contratando los servicios de un operador local. Ambas te llevarán a los 5200 metros de la cumbre y te permitirán alargar tu travesía al valle Rojo, un paraje en el que te sentirás en otro planeta.
Pero por dónde ir y volver. Del Cusco a Checacupe (provincia de Canchis) y de Checachupe hasta Kayrahuira Alto (3 horas por carretera) y desde ahí caminar alrededor de una hora. La otra posibilidad es ir del Cusco a Cusipata (provincia de Quispiscachi) y de Cusipata a la comunidad de Llaqto (4600 m s.n.m. 3 h 30 min), donde se acaba la carretera y empieza la aventura pedestre (2 h).
Caminar en la altura es un desafío. Empieza con calma, regula tus pasos y encuentra tu ritmo. Trata de no agitarte. Si en algún momento te sientes cansado, detente, respira profundo, toma uno o dos sorbos de agua y continúa. En esas pausas —que no deben ser muy largas— evita echarte o sentarte. Lo mejor es que te mantengas de pie, “como los caballos”, me aconsejaron alguna vez.

Estos consejos no te servirán de nada sino no estás convencido de que vas a llegar. Vinincunca es tu objetivo, tu meta, tu destino multicolor. Al estar allí, te olvidarás de la altura, del frío y el cansancio. Solo querrás gozar de tu éxito viajero, contemplar el sinuoso panorama y las franjas multicolores de esa montaña que parece vestir un poncho festivo, un poncho de comunero cusqueño.
Si en la cumbre sientes que tus energías se recargan. Aprovecha ese impulso para continuar al valle Rojo (4 kilómetros extras), pero si el “cerro colorado” te impacta tanto y quieres estar ahí el mayor tiempo posible, quédate hasta que el guía o la prudencia te diga que ha llegado la hora de volver; mientras eso ocurre tómate muchas fotos y grábate hartos vídeos. Las redes esperan un nuevo viral.

diciembre 2, 2024