Consejos viajeros para conocer el Cusco

¿Y ahora qué hago?… es una pregunta que aparece en diversos momentos de los viajes. A veces son sucesos que están fuera de nuestro control —el bus que se malogra, una tormenta fuera de fecha—, pero, en otras y en muchas ocasiones son absolutamente previsibles, tanto así que las respuestas a varios de “los ahora qué hago” que se presentan en las rutas, las puedes tener desde antes de partir.

Y, como “más vale prevenir que lamentar” y “viajero prevenido vale por dos”, te daré algunos consejos, recomendaciones y tips para que enfrentes y superes las situaciones clásicas que “acechan” y hasta “atormentan” a los turistas que visitan el Cusco. Eso es lo que ocurre, por ejemplo, con el mal agudo de montaña o soroche, que afecta a muchos de los recién llegados a la “Capital Histórica del Perú”.

Si quieres saber cómo atenuar o escapar de los mareos, los dolores de cabeza y el malestar general. Si quieres conocer una estrategia para que no te sientas pesado después de almorzar y cenar. Si quieres aprender varios “truquitos” que te ayudarán a ir y venir por las rutas turísticas cusqueñas, sigue leyendo este pequeño manual del buen viajero.

Bueno, basta de tanta palabreo. Te doy el primer tips: “desconfía de todos aquellos que te informen que tu destino está muy cerca”. Es mentira, siempre es mentira. Cuando a los peruanos nos preguntan si falta mucho o poco para llegar a algún lugar, respondemos con un amistoso y cortés: a la vueltita o aquicito nomás. El problema es que esa “vueltita” y “aquicito” está a varios kilómetros de distancia.

Si no quieres sufrir una decepción jamás preguntes: cuánto falta, especialmente en un pueblo o comunidad. Ten en cuenta que, en las zonas rurales, los ciudadanos están acostumbrados a caminar grandes distancias; entonces, lo que para ti o para mí es un trayecto largo y, a veces, agotador, para ellos es el ida y vuelta de todos los días. En estos casos lo mejor es consultar si estamos en el sendero correcto.   

Ahorro es progreso

Cuando se viaja siempre es una buena idea ahorrarse uno o varios soles (ese es el nombre de la moneda oficial del Perú). Piensa que lo que economizas en un almuerzo o cena los puedes agregar al presupuesto destinado a comprarle un souvenir a esa persona que te extraña. Otra posibilidad es que ese dinerito lo “inviertas” en alargar los brindis en una noche bohemia y divertida.

Si deseas gastar menos no te dejes tentar por los restaurantes de la plaza de Armas y del barrio de San Blas. Tampoco por los que se encuentran en las calles principales del Centro Histórico. Aléjate un poquito de la zona turística y busca los locales donde los cusqueños se alimentan. Los precios son más baratos y las porciones más generosas.

A la hora del desayuno y el almuerzo, aventúrate al Mercado Central de San Pedro. Sus menús, que incluyen sopa o entrada, plato de fondo y refresco, son muy apreciados por los turistas. Las razones: su abundancia, buen sabor y la experiencia de ser un “agachadito”, como se les conoce en el Perú a quienes degustan las delicias de la comida callejera.

Los precios oscilan entre los 10 y 15 soles y la carta es de lo más variada. En el mercado encontrarás desde un modesto, pero contundente arroz con huevo frito, hasta auténticos clásicos de la gastronomía, como el caldo de gallina, el chicharrón de cerdo, el lomo saltado, el ceviche y varios tipos de caldo. También se venden panes y se preparan jugos que se consumen con sánguches de todo tipo.

En tu plan de austeridad considera las noches de alojamiento. En Cusco los hospedajes se adecúan a todos los presupuestos. Busca una opción que supere tus expectativas de ahorro. Ah, eso sí, este consejo no aplica para los viajes por carretera. Si vas a abordar un bus no elijas el más económico. Por lo general esas unidades pertenecen a empresas informales. ¡Peligro!

Cómo evitar la pesadez

Un “error” muy común entre los viajeros que llegan al Cusco y no son víctimas del soroche, es el de “celebrar” su resistencia con un suculento y bien condimentado desayuno, almuerzo o cena. Lo que ellos desconocen —eso les pasa por no leer este texto— es que después de su gusto vendrá un tremendo disgusto o, mejor dicho, una tremenda indigestión.

La pesadez en la altura no es un mito ni un cuento para “asustar” a los turistas. La ciencia explica que ante la menor presión de oxígeno en el ambiente (hipoxia), el organismo prioriza las funciones que le permitan adaptarse. En términos sencillos, el cuerpo se concentra y gasta sus energías en el corazón y los pulmones, retrasando los procesos metabólicos.

Aquí surge otro ¿y ahora qué hago? La respuesta es sencilla: no cometas el pecado capital de la gula. Se frugal y consume porciones reducidas, es decir, lo justo y necesario para que aplaques el hambre. No caigas en la tentación de los chicharrones, el adobo, las truchas fritas o el pollo a la brasa con abundantes papas fritas, entre otros platillos sabrosamente grasosos.

Atención: no se trata de hacer dieta ni de ayunar durante todo tu estadía. Solo debes priorizar los platos ligeros hasta que te aclimates. Los calditos humeantes y los mates de hierbas —no dejes de probar el de coca— son buenos compañeros de mesa. Sucede lo mismo con los granos andinos como la quinua. Ahora bien, si no puedes prescindir de la carne, prueba la alpaca. Baja en grasas y con un alto nivel de proteínas, su consumo es ideal en la altura

La hidratación constante (advertencia: no consumas agua directamente del caño) y las caminatas a paso sosegado después de cada comida, te ayudarán a evitar la pesadez. Así que antes de volver a tu hotel para una siestecita de media tarde, recorre las calles históricas del Cusco. Eso te ayudará a digerir y te permitirá explorar a profundidad la antigua capital incaica.

El temido mal de altura

¡Soroche!, vas a leer y escuchar esa palabra desde antes de llegar al Perú y al Cusco. Temido, respetado y origen de un sinfín de anécdotas, el mal de altura “es causado por una reducción de la presión atmosférica y los niveles más bajos de oxígeno a grandes alturas. Cuanto más rápido ascienda a una mayor altitud, mayor será la probabilidad de padecer el mal agudo de montaña”.

“La mejor manera de prevenir el mal de altura es ascender gradualmente”, recomienda la página MedlinePlus, web de la que tomé la cita anterior. Hecha la precisión, te sugiero un itinerario que te ayudará a aclimatarte de manera progresiva. El plan es sencillo. Antes de ir al Cusco, haz una escala en Arequipa. La “Ciudad Blanca” se encuentra a 2335 m s. n. m.

Un buen consejo para “escapar” del soroche es perderle el miedo. Convéncete de que no te afectará. Tú eres fuerte, tú eres resistente, tú no dejarás que un mal pasajero estropee tus vacaciones. No te asustes ni desesperes si empieza a dolerte la cabeza o si sientes que te falta el aire. Si eso ocurriera, declara una mañana o tarde libre para facilitar el proceso de aclimatación.

Más recomendaciones. Antes de partir, tómate una pastilla contra el mal de altura (consulta con tu médico para que te recomiende la más adecuada) y, en las horas previas, ingiere alimentos ligeros. También debes evitar el alcohol. Una práctica común es endulzar el paladar con un caramelo de limón. Muchos viajeros aseguran que es muy efectivo. Soy uno de ellos. Así que ten uno a la mano.

Al llegar al Cusco respira profundamente y anda sin prisa. Si estás abrigado y sientes calor, no cometas el error de quitarte las prendas rápidamente. Ya en tu alojamiento, pide un mate de coca y reposa el tiempo que consideres necesario. El apuro no es un buen consejero a miles de metros sobre el nivel del mar. Esa es la diferencia con este artículo que —eso es lo que espero— te ayudará a planificar tu travesía en el Perú.

octubre 30, 2025