Cusco: El Inti Raymi, la impresionante Fiesta del Sol

Es un día de celebración, pero el homenajeado principal no aparece. Su ausencia es notoria en la mañana en la que cientos de personas nos reunimos para festejarlo. El problema es que el agasajado prefiere ignorar a sus hijos y a quienes hemos llegado al Cusco para ser testigos y partícipes de la brillante y multitudinaria fiesta en su honor. 

Paciencia, ya saldrá. Siempre lo hace”, profetiza un viejo cusqueño que está a mi lado, cuando se percata de mi preocupación por el desplante de la “estrella” de esta jornada. A pesar de eso o quizás por eso, su nombre en quechua es invocado en la explanada del Qoricancha, el templo incaico que, durante la época colonial, se transformó en una iglesia y convento católico. 

Allí, entre los jardines y los muros de piedra, se encuentra el sapan inca (el gran inca), su qoya (esposa), el willaq umu (sumo sacerdote), las acllas (mujeres escogidas) y las delegaciones provenientes de los cuatro suyos o regiones del imperio incaico. También hay músicos y danzantes, entre otros personajes del imponente séquito del poderoso gobernante andino.

Todos ellos están frente a una multitud variada y cosmopolita. Peruanos de las ciudades y del campo, sumados a turistas de todos los continentes, miran con el mismo interés y admiración las ceremonias y rituales iniciales del Inti Raymi o Fiesta del Sol, la celebración más importante del Cusco ancestral. Esta se celebra el 24 de junio y está relacionada al solsticio de invierno, el día más corto del año.

Cuentan las leyendas que Manco Capac y Mama Ocllo, los fundadores de la sociedad incaica, eran hijos del Inti (sol en quechua). La pareja mítica emergió de las aguas del lago Titicaca con el mandato de “sembrar” una civilización donde se hundiera la vara de oro que portaban. Ellos cumplieron las órdenes de su padre. Ese sería el origen de la estructura estatal más grande de esta parte del mundo.

Junio: mes jubilar del Cusco

Conocer el Cusco siempre es una buena idea, una excelente decisión. Con lluvia o sin ella, con frío o con calor, con amenaza de soroche o ya aclimatado a la altura, la “Capital Histórica del Perú” es un destino que fascina a los turistas por su patrimonio histórico, arqueológico, arquitectónico, paisajístico y cultural. Todos estos elementos —y muchos otros— la convierten en una tentación para los viajeros.

Pero, como en todo destino, siempre hay fechas y momentos especiales. Desde esa perspectiva, visitar el Cusco en junio es una excelente idea. Si bien es uno de los meses más fríos del año —nada que no se puede solucionar con un buen abrigo—, hay varias actividades festivas, culturales, telúricas que “calientan” el ambiente de la antigua capital incaica.

Junio, mes jubilar del Cusco. Junio, mes de celebraciones, música, danza y misticismo. Junio, mes del Corphus Christi, del Qoyllur R’iti y de la escenificación del Inti Raymi en el Qoricancha, en la plaza de Armas y en el parque arqueológico de Saqsaywaman. Junio, mes de tributos a la tierra y de caminatas solares, también de pasacalles y desfiles que llenan de color el Centro Histórico. 

Tanto por ver, sentir y vivir cuando una ciudad, un pueblo, una región, celebra y reivindica sus raíces y su pasado como centro y ombligo del mundo andino. Es esa herencia cultural y esos saberes originarios desdeñados y hasta proscritos durante el predominio hispano, los que empezaron a ser reconocidos como un símbolo de identidad y orgullo por un grupo de intelectuales en el siglo XX.

Esa corriente de pensamiento consiguió que las fiestas jubilares cambiaran de mes y de fecha en el calendario. Del 23 de marzo, por la conmemoración de la fundación española de la ciudad en 1534; al 24 de junio, día en el que los incas le rendían tributo a su padre el Sol. Fue así como el Inti Raymi renació y volvió a celebrarse. Hoy es una de las fiestas representativas del Perú.

Encuentro en la plaza de Armas 

El Sol sigue sin aparecer en la fiesta que empezó a las 9 horas. Sus rayos no iluminaron al inca y a su séquito en el Qoricancha, el templo mayor del Cusco prehispánico. “Paciencia, ya aparecerá”, repite el viejo espectador que se mantuvo a mi lado durante toda la ceremonia. Lo escucho y dudo de sus palabras porque el tiempo pasa y el cielo sigue gris y tristón. 

La situación empeora. Unas lluvia menuda hace que los espectadores busquen sus impermeables o compren unos plásticos salvadores por unos cuantos soles, la moneda nacional, no el astro que todavía no despierta. Tampoco lo hará en Huacaypata (la plaza de Armas) donde se escenifica el segundo acto del Inti Raymi, a partir de las 10 horas. 

El acceso es libre al igual que en el Qoricancha. Solo hay que llegar temprano y buscar una buena ubicación para observar el ingreso del gobernante andino. Su litera y la de su qoya son transportadas pausada y majestuosamente por la calle Loreto o Intikijllu, una vía “acorralada” por grandes muros de piedra que desemboca en el corazón urbano del Cusco de hoy, del Cusco de siempre.   

La expectativa crece. El espectáculo deslumbra. Es emocionante cuando el inca se dirige a su pueblo mostrando su poder y autoridad; cuando el willaq umu “lee” las hojas de coca para vislumbrar el futuro; cuando se invoca a las montañas tutelares (apus) de la región, cuando se entregan ofrendas al tayta Inti, y cuando las delegaciones de los cuatro suyos bailan en honor de su resplandeciente divinidad.

Todo eso sucedió en la plaza durante la mañana nublada en la que me sentí un viajero del tiempo. Sí, sabía que era una representación y que aquellos hombres y mujeres actuaban siguiendo un guion. Bah, pero eso no me importó. Me dejé llevar por la esencia y el espíritu de una fiesta que volvió en 1944. En aquel año ya distante se escenificó por primera vez la versión moderna del Inti Raymi.

Fin de fiesta: un arcoíris en Saqsaywaman

Hay magia en los rituales de los que soy testigo. Hay orgullo en la mirada de los cusqueños que son conscientes de su extraordinario pasado. Hay admiración en los turistas que no dejan de filmar y tomar fotografías. Mostrarle al mundo las raíces culturales andinas, era uno de los objetivos de los intelectuales liderados por el escritor Faustino Espinoza. Ellos rescataron una fiesta prohibida durante siglos.  

Esa fiesta que no termina en Haucaypata. Esa fiesta que concluye en Saqsaywaman. Cambio de escenario. Del Centro Histórico a una zona arqueológica con enormes bloques de piedra (3 km de distancia). Aquí se levantan tribunas de acceso pagado. Pero no te preocupes, si no quieres gastar podrás ubicarte en los alrededores para que ver el espectáculo que comienza a las 13:30 h.

Más rituales, más ofrendas, más palabras en quechua, más cánticos, danzas y música. El inca vuelve a honrar a su padre y habla con su pueblo para transmitirle un mensaje de unidad y esperanza. Su figura se agiganta en la tarde sombría y lluviosa. El repiquetear de las gotas no lo intimida. Todo lo contrario. Ahora, luce más enérgico e imponente. 

De pronto, el hijo del Sol abre los brazos y alza su rostro para hablar con su padre. Lo hace con respeto y humildad. Lo que nadie imaginó en ese momento es que el arco iris aparecería en el horizonte. Eso no estaba en el libreto ni era un efecto especial. Sé que parece increíble, pero realmente sucedió. No te estoy mintiendo. Tampoco exagero. Yo estaba ahí y lo vi, absorto y sorprendido lo vi.

Después de ese suceso inesperado, me convencí de que el Inti Raymi es mucho más que una representación. Es historia, es legado, es creencia, es sentimiento. Y es que algo pasa, de verdad algo pasa, cuando el inca, su qoyas, sus acllas, sus sacerdotes y todo su séquito, reaparecen el 24 de junio en las calles, plazas y explanadas del Cusco, la ciudad que debes visitar, la ciudad que te espera cuando hace frío o calor. 

septiembre 20, 2025