Del Cusco al mar: una escapada hacia el Pacífico

De las montañas al mar. De los apus a la Mama Cocha. De los Andes al Pacífico. Todo cambia en unas cuantas horas. Todo es distinto al bajar del bus. El paisaje, las costumbres, el clima y hasta la forma de hablar y vestir de la gente. Aquí, el soroche no es una amenaza y el viento de la altura (wayra) es solo una brisa. Aquí, el inti (sol) de la cordillera, se oculta en el horizonte oceánico.

Del Perú andino al Perú costero. Del Cusco con sus 3400 m s.n.m. a la orgullosa Arequipa (2335 m s.n.m.), una región conocida por sus volcanes y cañones, por su arquitectura en sillar y el sabor de sus picanterías, también por el grácil andar de las vicuñas y el vuelo de sus cóndores. Eso atractivos son lo que atraen y convocan a la mayoría de los turistas; pero ninguno de ellos será descrito en este texto.

Nos vamos al mar desde el Cusco. Acompáñame en esta escapada que le dará un giro a tus vacaciones en los Andes. Y es que el Perú no es solo cordilleras y pampas. Es mucho más. Es arena, olas y relajo costero. Es navegar hacia playas escondidas observando aves, delfines y lobos marinos. Es ceviche picante, lapas arrebozadas y perol de marisco en las provincias arequipeñas de Camaná e Islay.

Una Arequipa sin volcanes, pero con acantilados y caletas, donde las exigentes caminatas en los cañones del Colca o Cotahuasi, se transforman en andares distendidos en las arenas de El Chorro, La Punta, Catarindo, Mollendo y Mejía, mientras que los desafíos en los cauces del Chili y Majes, son reemplazados por calmadas travesías en kayaks de mar que te llevarán a rinconcitos costeros que serán solo para ti.

Y en esta escapada —tú escapada— no verás cóndores desde un mirador al borde de la profundidad, pero sí una gran diversidad de aves entre el verdor y los espejos de agua de un santuario natural que se extiende hasta las orillas marinas. ¡Qué te parece! Te tienta, te llama, te tomas un día o dos de tus vacaciones para disfrutar de la Mama Cocha en Arequipa.

Si tu respuesta es sí, este texto te servirá de guía para el invierno y el verano. Si tienes dudas, trataré de convencerte con mis palabras e imágenes. Si estás convencido de que no irás… ¡no importa!, igual te invito a leerme. Total, la vida y los viajes dan vueltas y es sabido que nunca hay que decir nunca. Nos vamos al mar. Nos vemos en el mar.

A refrescarte en el océano

¿Por aire o por tierra? ¿Ahorrar tiempo o dinero? Ese es el dilema que tendrás que resolver antes de iniciar tu escapada. Si tu itinerario está muy apretado, lo mejor será que vueles del Cusco a Arequipa (1 h 30 min, 240 soles aprox.); pero si tus tarjetas están al borde del colapso, prepárate para recorrer 485 kilómetros por carretera, en un lapso aproximado de 10 horas (costo: de 75 a 115 soles).

Si elijes la vía de la economía, abordarás el bus en el terminal terrestre del Cusco (avenida Vía de Evitamiento 429). Los horarios nocturnos (entre las 7:00 p. m. y las 10:00 p. m.) son excelentes alternativas, porque además de ahorrarte una noche de alojamiento, llegarás temprano al terminal o al terrapuerto de Arequipa, donde parten los buses hacia las provincias costeras (también hay colectivos que salen de sus propios paraderos).

Los vuelos despegan en las mañanas y en las tardes del aeropuerto internacional Alejandro Velasco Astete y aterrizan en el aeropuerto internacional Alfredo Rodríguez Ballón. Si tu plan es ir de inmediato al encuentro del mar y las olas de las provincias de Camaná o Islay, toma un taxi al terminal o al terrapuerto (11 km, 30 min, de 30 a 40 soles).

Ahora sí. El océano está cada vez más cerca. Tú decides si vas a Camaná (3 h, 40 soles) o a Mollendo (2 h 30, 20 soles precio referencial), los destinos playeros más visitados por los arequipeños. Advertencia, en el verano evita viajar los fines de semana a la costa. La concurrencia de bañistas es masiva, lo que impide disfrutar a plenitud y con tranquilidad de la naturaleza y de los servicios turísticos.

De lunes a viernes la afluencia es menor (los hoteles tendrán habitaciones y sus tarifas bajarán de precio). A menos gente, mayor disfrute. Si se trata de gozar y tienes varias jornadas disponibles, es una excelente idea enrumbar hacia Camaná y, desde ahí, iniciar un recorrido a puro mar por la Costanera, carretera asfaltada que bordea el Pacífico hasta las regiones vecinas de Moquegua y Tacna (límite con Chile).

Aventura en el mar

Una playa bravía o una caleta serena. Un balneario popular y festivo en el verano o una orilla despejada y solitaria durante todo el año. Una jornada de descanso en la arena bajo una sombrilla protectora o una travesía intensa hacia una reserva marina con panoramas extraordinarios. ¿Qué harás? ¿Qué opción escoges? ¿Cuál será tu «menú» marino en la costa de Arequipa?

La carta es amplia y variada. En Camaná, las playas La Punta y El Chorro son las más populares por su cercanía a la zona urbana. Muy animadas en los días calurosos, son ideales si te gusta el movimiento, la algarabía, el bullicio. Si prefieres espacios sosegados donde puedas acercarte y comulgar con la naturaleza, tu lugar es Quilca, distrito y puerto artesanal localizado a 40 km al sur.

Encerrada por unos riscos, se dice que en este puerto el almirante Miguel Grau ocultaba al Huáscar, el legendario monitor que capitaneó durante la Guerra del Pacífico (1879-1883). Las correrías de esta modesta nave, causaron zozobra en la poderosa armada chilena, hasta que la embarcación cayó en manos enemigas en el combate de Angamos del 8 de octubre de 1879.

Verdad o mito, lo cierto es que Quilca es el lugar indicado para zarpar hacia una serie de caletas, como San José (donde hay un lodge), La Francesa, Honoratos y Arantas, entre otras. También a Punta Hornillos, un fantástico espacio marino que es parte de la reserva nacional Sistemas de Islas, Islotes y Punta Guaneras, creada para proteger la diversidad biológica y los ecosistemas de la costa peruana.

Navegar. Sentir el vaivén del Pacífico. Ver juguetear a los delfines. Bajar en las caletas. Explorar. Bañarse en aguas calmas y sin olas. Volver a la mar en busca de roquedales y una pequeña isla. Tiempo de contemplación de lobos marinos, pingüinos de Humboldt, zarcillos, pelícanos, gaviotas y chuitas, por mencionar solo algunas especies.

De Quilca a Mollendo

Retorno a Quilca. Un nuevo dilema: volver a Camaná, probar la sazón del puerto artesanal o continuar por la Costanera hacia Matarani y Mollendo (provincia de Islay). Paciencia. No hay apuro. Lo mejor es almorzar. Gastronomía marina con pescaditos y mariscos frescos. Un festival de sabores con platos emblemáticos como el ceviche, la parihuela, la jalea o el chicharrón.

Ahora sí, a continuar la ruta; pero, antes de partir, permíteme una recomendación: si quieres que todo sea más relajado, contrata los servicios de un operador local o alquila una movilidad. Así evitarás las esperas, las subidas y bajadas en las unidades del transporte público. Aclarado el punto, es bueno que sepas que entre Quilca y Mollendo hay 73 km de distancia (1 h 30 min, aproximadamente).

En su búsqueda de tu destino final, la carretera cruza el distrito de Islay, donde se encuentra Matarani, el principal puerto de Arequipa. Si tu itinerario lo permite, detente para observar el panorama costero y las islas Albizuri desde el Faro. Al igual que en Quilca, desde el muelle privado Océano Seadfood, encontrarás embarcaciones que zarpan hacia las caletas.

La distancia entre el distrito de Islay y el puerto bravo de Mollendo es de 14 kilómetros. Antes de llegar, date un saltito a la caleta Catarindo. Esta playa escondida y de aguas mansas, es una de las más populares por su belleza escénica. En sus orillas encontrarás restaurantes y hasta un hospedaje. Aquí debes de probar el cremoso perol de mariscos. ¡Te encantará!

Ya en Mollendo, explora sus calles, sus plazas —Grau y Bolognesi —, la vieja estación del tren —hoy un centro cultural— y el malecón Ratti. Te quedarás boquiabierto con sus casonas republicanas que le dan un toque de puerto antiguo. Varias de ellas son auténticos monumentos arquitectónicos de un tiempo que no volverá, pero que tiene que mantenerse en pie, resistiendo los embates de los años y de la modernidad mal entendida.

De lagunas y aves

Al igual que en Camaná, Mollendo es invadida por los turistas los fines de semana del verano. La Primera, Segunda y Tercera playa son las más concurridas. En este espacio costero resalta un malecón turístico y, en lo alto de un promontorio, el castillo Forga. Construido entre 1908 y 1910, es el símbolo de la ciudad. Y si bien su estado de conservación es precario, atrapa el interés de propios y extraños.

Tu travesía no debe terminar en Mollendo, el “Puerto Bravo”, llamado así por la enjundia de sus olas. Así que antes de retornar a la altura del Cusco o Arequipa, prolonga tu escapada hasta Mejía (15 km), un distrito tradicional, un balneario con casonas de pino oregon y edificios de líneas modernas. En este refugio de las familias adineradas de la región, las celebraciones del carnaval son memorables.

Y si ya llegaste hasta aquí, aventúrate hasta el Santuario Nacional Lagunas de Mejía, a solo 10 kilómetros al sur. Esta zona protegida de 690 hectáreas de extensión, presenta “totorales, pantanos, montes ribereños, gramales y playas arenosas. Es considerado como uno de los humedales más importantes de la costa peruana; además fue designado como un Sitio Ramsar en 1992”.

Eso es lo que informa el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), sobre este santuario ideal para observar aves. Prepara los binoculares para buscar zambullidores, garzas, gaviotas, halcones peregrinos y huerequeques, por mencionar solo algunas de las 211 especies registradas, entre residentes y migratorias. (Entrada: 30 soles extranjeros, 15 nacionales).

Vuelan las aves, vuelan las horas y los días frente al mar. Eso no sucederá con tus recuerdos. Te acompañarán siempre para motivarte a volver a las playas, las caletas y los pueblos pesqueros de un costa que impresiona cuando brilla el sol o cuando se impone la niebla. No hay pierde, nunca hay pierde frente al Pacífico. Si lo dudas, escápate unos días del Cusco y ven al litoral arequipeño. ¡Frente al mar nos encontramos!

octubre 30, 2024