Cusco es naturaleza: ¡Descúbrela!

Visitar el Perú y no tomarse un tiempito para acercarse a su flora y fauna silvestre, es un error viajero que no deberías cometer. Me atrevería decir que sería imperdonable que no explores —aunque sea mediodía— alguna de las 77 áreas protegidas por el Estado, auténticos bastiones ecológicos y de la biodiversidad que representan el 18 por ciento del territorio nacional.

Si a eso le sumamos las áreas de conservación regional y las privadas —territorios protegidos por comunidades y propietarios individuales— las opciones para escaparse hacia parques, reservas y santuarios, entre otras categorías ambientales, son múltiples y diversas. No hay excusas. Aventúrate por la geografía sorprendente y cambiante de uno de los países megadiversos del planeta.

El Perú es explosión de vida. Es un jaguar esperando a su presa. Es un oso de anteojos diseminando las semillas que restaurarán el bosque. Es un colibrí o picaflor absorbiendo el néctar de las flores. Es una ballena jorobada apareándose en las costas del norte. Es un cóndor majestuoso planeando en la altura, una vicuña que hermosea las pampas, un puma andino patrullando en las noches.

Tantos por ver en sus 84 zonas de vida (hay 117 en el planeta) que son el hábitat de más de 500 especies de mamíferos, 450 de reptiles (quinto lugar a nivel mundial), 1900 de aves (segundo o tercer lugar en el planeta). Hay más fauna, hay más cifras impresionantes: en nuestro territorio existen 18 cordilleras y el 71 por ciento de los glaciales tropicales están en el Perú, tu próximo destino

Ese destino que la mayoría de las veces tiene al Cusco como escenario único o principal. Si ese es tu caso, no te preocupes. La naturaleza, la flora y la fauna también es prodigiosa en esta región andina y amazónica. En sus 71 986 km2 hay santuarios, parque nacionales, reservas comunales, además de áreas de conservación que comprenden bosques y parajes de altura.

Entre la historia y biodiversidad

Machu Picchu es mucho más que una llaqta (ciudad o pueblo) de piedra. En su entorno boscoso y montañoso la flora y la fauna se expresa de diversas formas. ¡Lo sabías! Quizás sí, tal vez no. Eso es lo de menos. Igual voy a contarte varios detalles sobre la cara biodiversa de uno de los íconos turísticos de Sudamérica, declarado Patrimonio Cultural Mixto por la Unesco en 1983.

Y es que el pasado y la naturaleza confluyen en este lugar energético. Por el alto valor histórico-cultural de sus sitios y monumentos arqueológicos, fue declarado santuario histórico por el Estado, como se explica en la página oficial gob.pe. Pero eso no es todo: Machu Picchu “presenta también un importante valor ambiental, con áreas boscosas, montañas escarpadas y picos nevados”, se añade en la web.

Ya lo sabes, ojos bien abiertos para quedar impactado con los muros monumentales de la llaqta y, por qué no, para buscar a algunas de las especies que habitan en esta zona de transición entre los Andes y la Amazonía. Varias de ellas son representativas y emblemáticas, como el gallito de las rocas, el ave nacional del Perú, el cóndor andino, el zorro, el puma, la vizcacha y el oso de anteojos.

Tal vez no tengas suerte y no las puedas observar. Pero están ahí, en las alturas, entre el follaje y, a veces, a solo unos pasos de la urbanidad de MachuPicchu Pueblo, donde alguna vez vi a una osa con su cría. Ellas estaban alimentándose en los árboles (son magníficos trepadores por sus grandes garras) que bordean el cauce del Urubamba. Fue un instante mágico y una visión inesperada.

Hay otros tesoros naturales como las orquídeas. Estas alcanzan “niveles excepcionales en el santuario”, donde “se han registrado 340 especies, es decir, alrededor del 20 % de la variedad total de las 1700 especies identificadas en el Perú”, se lee en la página citada anteriormente. Waqanki (llorarás) y la wiñaywayna (siempre joven) son el nombre en quechua de dos vistosas orquídeas originarias.

Selva de altura

Primera lección: los bosques nublados de la provincia de Paucartambo (región Cusco) son como esponjas que absorben el agua y después las liberan lenta y progresivamente. En su descenso forman arroyos y quebradas que nutren los grandes cauces de la Selva Baja. Esa es su importancia y por eso son parte del parque nacional y reserva de biosfera del Manu.

Segunda lección: los gallitos de las rocas (Rupicola Peruvianus) son valientes y grandes bailarines. Valientes porque su colorido plumaje (rojo o naranja en el cuerpo en la cabeza, negro en las alas) los vuelve fácilmente identificables para los depredadores. Ellos se exponen para que las hembras (a las que “seducen” con extraños movimientos) y sus crías estén a salvo, siempre a salvo.

Tercera lección: el Manu no solo es atractivo en Madre de Dios (donde la selva se vuelve llanura amazónica y río navegable). Lo es también en el Cusco. En la región resalta el mirador Tres Cruces del Oro, con sus estupendos amaneceres; los leks de los gallitos de las rocas en la ruta Paucartambo-Pilcopata; y la estación biológica Wayqecha que recibe a los turistas para que aprendan la importancia de los bosques nubosos.

Es el Manu, es el Cusco mostrando su biodiversidad en sus bosques de altura que, en el valle de Kosñipata, se transforman en bosques primarios. Adiós al verdor montañoso en Patria y Atalaya, el final de la carretera, el principio de la navegación en lancha hacia los albergues de un parque nacional que en sus 17 163 km2 abarca distintos ecosistemas, incluyendo lugares por encima de los 4000 m s. n. m.  

Tu decides si prolongas tu excursión durante varios días o si te quedas en la parte cusqueña para aprender más lecciones. Tal vez sobre los osos de anteojos que habitan en las montañas y recorren grandes distancias. Acaso sobre las aves que atraen a ornitólogos y aficionados al avistamiento. Quizás sobre las orquídeas que crecen vigorosas en un bosque que absorbe y genera agua… ¡genera vida!

Cusco es conservación

El territorio cusqueño es tan valioso que, más allá de las zonas protegidas por el Estado, el gobierno regional ha creado áreas de conservación en su territorio. El objetivo es preservar escenarios naturales que brindan importantes servicios ecosistémicos a las poblaciones locales, además de ser refugios de varias especies de flora y fauna en situación de vulnerabilidad o en peligro de extinción.

Por sus características, las áreas de conservación regional (ACR) incluyen o están relacionadas a destinos turísticos como Choquequirao, una zona arqueológica a la que se llega caminando por un sendero que serpentea en el cañón del río Apurímac; o el Ausangate, uno de los apus cusqueños (montaña sagrada), en el que existe una ruta de trekking de cinco días a miles de metros de altura.

Tres Cañones, en la provincia de Espinar, es una ACR con potencial turístico. Aquí, el Apurímac recibe las aguas de los ríos Callamani y Cerritambo. El encuentro no tendría nada de extraordinario, sino fuera porque los cauces están encañonados por enormes paredes de roca volcánica. Una formación espectacular que verás con ojos de pájaro desde lo alto del complejo arqueológico de T’aqrachullo.

Si a esto le sumamos los rodales de las longevas puyas Raimondipueden vivir cien años y son consideradas la inflorescencia más grande del mundo—; los bosques de queñuales (Polylepis) —un árbol nativo en peligro de extinción— y la fauna andina, variada y atractiva por sus tarucas, cóndores, pumas, vizcachas, llamas y alpacas, entre otras especies que habitan entre los 3500 y los 5000 m s. n. m.

Q’eros-Kosñipata es otra ACR cusqueña. Localizada en la provincia de Paucartambo, entre el Manu y la reserva comunal Amarakaeri, “sus 55 mil hectáreas de bosques aún intactos permitirán conservar las punas de los Andes centrales y las yungas peruanas, considerada entre las ecorregiones más frágiles de nuestro país”, se explica en la web de la oenegé Pronaturaleza.

Una razón más para que te convenzas de que el Cusco es un destino de naturaleza, como no serlo si se encuentra en uno de los países megadiversos del planeta.

marzo 21, 2026