Celebra Perú: del Inti Raymi a la fiesta de San Pedro

Todos los años, en un día marcado de rojo en el calendario nacional, san Pedro baja de los altares de las iglesias, templos y capillas de los pueblos y caletas pesqueras del Perú. En su camino hacia el embarcadero o muelle artesanal en el que zarpará en una lancha, el buen Pedro —el primer apóstol de Jesús y el primer papa — es acompañado por san Pablo y por centenares de creyentes.
Ellos rezan y cantan. Ellos llevan velas y flores en las manos. Ellos escuchan al sacerdote que lee los evangelios y a los músicos que ejecutan melodías celestiales y solemnes. Ellos ven las fuegos de artificio que pintan y estremecen el cielo. Ellos confían en su santo patrón porque él fue uno de ellos. Pedro era pescador en el mar de Galilea hace más de dos mil años.
La procesión avanza en el Callao y en Chimbote, también en la caleta El Ñuro y en el muelle artesanal El Faro en Islay-Matarani. La procesión se acerca a las orillas del mar de Paita, de Chorrillos, de Ilo y de Huarmey. La procesión navega en las aguas de Huanchaco, Mollendo, Marcona, Chala… y en tantas otras zonas costeras en las que el 29 de junio es una jornada de fiesta patronal.

En el día de san Pedro y san Pablo, los pescadores peruanos guardan sus aparejos y suspenden sus faenas para pedirle a la imagen del apóstol —con fe, con cariño, con humildad— que los guíe y proteja cuando salgan al océano en sus botes, lanchas o bolicheras, y que los ayude a volver a casa con buena salud y con las redes y las bodegas llenas de frutos del Pacífico.
“Él nos escucha y nos entiende porque sabe lo que nosotros vivimos”, confiesan los curtidos hombres de mar en la iglesia y en la procesión. También en el muelle donde brindan a la salud de Pedrito. Así, cuando les llegue el momento de abandonar la tierra y el vaivén de las olas, el santo les abrirá las puertas del cielo. “Hay que asegurarse. Él tiene las llaves”, bromean, ríen, se santiguan por si acaso.
Junio festivo

Los últimos días de junio son festivos en el Perú. El 24, como te contamos en un texto anterior, se escenifica el Inti Raymi en el Cusco. Lo que no te dijimos — para no desviarnos del tema— es que en otros lugares se realizan ceremonias similares, como el Vilcas Raymi en Vilcas Huamán (Ayacucho), el Sóndor Raymi en Andahuaylas (Apurímac) y la Fiesta del Sol en Huánuco Pampa (Huánuco).
Y mientras en los Andes los herederos de los incas honran a su padre el sol, en la selva la alegría se desborda por la fiesta de San Juan Bautista. Baños purificadores en ríos y lagos, noches de fogata y sabrosos juanes, son parte de las costumbres que se repiten y multiplican en las ciudades, pueblos y comunidades cubiertas por el verdor amazónico.
¡Qué te parece…! No vas a negar que suena tentador venir a nuestra tierra para el Inti Raymi o la fiesta de San Juan. Y si a eso le agregamos que cinco días después la religiosidad y el jolgorio “desembarcan” en la costa, tu plan viajero se torna aún más interesante. Piénsalo, no es mala idea, por ejemplo, “escaparse” del Cusco hacia el mar para compartir la alegría de los pescadores que “engríen” a su santo patrón y colega.

Vale la pena. Créeme que vale la pena a pesar de que es invierno y el sol calienta poco o nada. Durante la fiesta el calor está en la fe de los pescadores. Esos hombres férreos y acostumbrados a lidiar con los humores cambiantes del mar, que se arrodillan, juntan sus manos, se conmueven cuando “hablan” con la imagen reverenciada en la intimidad del templo.
También en las calles cuando sale en procesión. En andas lo llevan al muelle y lo suben en una lancha para que se dé una “vueltecita” por el Pacífico. Varias embarcaciones lo acompañan. Los tripulantes y fieles lanzan flores en las aguas, entonces, todos guardan silencio por los hermanos que no volvieron de esa mar que da y quita, de ese mar que los atrae y les fascina.
Al encuentro de San Pedro

De Cusco a Arequipa, de Arequipa a Islay-Matarani. Un viaje de los Andes al Pacífico por vía terrestre. Uno noche para llegar a la llamada “Ciudad Blanca”, y dos horas más para estar frente a los olas de la costa sur. Un consejo: trata de llegar el 28 de junio. Hay desfile y feria gastronómica. Aprovecha la ocasión para probar un rico ceviche, el plato de bandera que en esta fecha conmemora su Día Nacional.
Pescados y mariscos frescos. Ají limo y jugo de limón para el picantito y la acidez. Cebolla, cancha (maíz tostado), camote y yuyo (un alga marina), entre otros ingredientes, se mezclan para armonizar sus sabores y aromas en un plato de raíces ancestrales. Se dice que los mochicas —una cultura preincaica que se desarrolló en el norte— “cocinaban” trozos de pescado con sumo de frutas.
Deliciosa bienvenida a un distrito que es puerto internacional y villa de pescadores. La fiesta en tu paladar no debe terminar con el ceviche. Hay otros propuestas como el chicharrón de pota o calamar gigante —“la más rica del país”, se ufanan los pescadores— y el perol de mariscos, una receta local en la que diversos productos del mar son bañados en una crema elaborada con leche, galletas, ají, maní y huacatay.

Al caer la noche hay misa y procesión, danzas folclóricas y verbena popular en la plaza Miguel Grau. Y hay que bailar y brindar y conversar con los pescadores. Algunos nacieron aquí, otros vinieron del Altiplano o son descendientes de los arrieros del valle y cañón del Colca que bajaban a Islay con sus llamas cargueras, para intercambiar sus productos por cochayuyo (un alga marina).
Y esa es la razón por la que en la plaza se baila el wititi, una danza originaria del Colca declarada Patrimonio Cultural de la Nación. Y esa es la razón por la que en la procesión resaltan los vistoso trajes tradicionales que usan las mujeres de esas tierras de alturas. Y es por esa razón por la que los santos, Pedro y Pablo, danzan un poquito en sus andas cuando son llevados al muelle.
Procesión en el mar

El patrón se acerca. Agitación y expectativa en el muelle artesanal El Faro. Se encienden los motores de los botes y las lanchas. Los últimos pasajeros abordan las embarcaciones al como sea, otros ya no encuentran sitio. Se resignan. Se lamentan. Será para la próxima. Y estalla una bombarda y la música se escucha con mayor intensidad. Pedro ingresa al embarcadero. Plegarias, vivas, aplausos.
¡Tranquilos, hermanos! Los cargadores trastabillan. Alarma y confusión. ¡Cuidado con Pedrito!, se propaga el temor cuando la imagen es subida con esfuerzo a una lancha adornada con globos. Solo es un susto. El apóstol, el papa, el hombre que lo dejó todo para seguir a Cristo, el hijo de Dios, otea el horizonte y las olas desde la cubierta que se bambolea al ritmo del mar.
Un “enjambre” de embarcaciones veteranas rodean y acompañan a la imagen del patrón. Se escuchan plegarias. Se musitan oraciones. Se recuerda a los compañeros que ya no están porque es duro trabajar en el mar. El ramalazo de nostalgia que no opaca la esperanza ni la fe en el patrón barbado que se luce con su mitra papal y lleva siempre en sus manos las llaves del cielo.

La procesión se aleja del muelle. El cielo está nublado y el viento sopla con fuerza. Hace frío. Busco abrigo y también respuestas en la mirada de san Pedro. ¿Por qué tienen tanta fe en ti en toda la costa? Es verdad que escuchas el clamor de tus devotos que te piden buena pesca, es cierto que los ayudas a encontrar el rumbo cuando se sienten perdidos en la inmensidad del Pacífico.
Pero hoy, 29 de junio, nadie está perdido en Matarani ni en ninguna de las caletas que celebran a san Pedro. Todos vuelven con bien a tierra firme, mientras el patrón y san Pablo retornan a la quietud de sus altares. La fiesta no termina. Solo se transforma. Se acaban las plegarias. Despierta la música y el baile. Se multiplican las bromas y las risas. “Pedrito no se molestará. Pedrito es de los nuestros”.

septiembre 20, 2025