Cusco: el circuito de las cuatro lagunas

Póquer de lagunas en las alturas del Cusco. Cuatro espejos de agua en una sola ruta, en un mismo circuito, en una excursión de ida y vuelta. Naturaleza, belleza escénica, biodiversidad y contemplación de la geografía andina, son los “cuatro ases” que te harán ganar un gran cantidad de vivencias, recuerdos y anécdotas en los caminos de las provincias de Acomayo y Canas.
Pero surge una pregunta: te animarías a “apostar” una jornada de tus vacaciones en Perú, recorriendo una ruta que todavía no es popular o preferirías asegurar tu día en un destino con mayor difusión. ¿Ir o no ir?, ese es el dilema viajero que tuve que resolver cuando me hablaron por primera vez de Pomacanchi, Acopia, Asnaqocha y Pampamarca, el rosario de lagunas que forman el circuito.
Tú no enfrentarás ese dilema. Aquí te contaré todo lo que debes saber sobre la ruta, entonces, te darás cuenta de que en esta “apuesta” no hay pierde. Todos ganan. Todos salen premiados, desde los viajeros agotados por los andares de travesías anteriores —porque aquí caminarán poco o nada— hasta los aventureros que buscan una intensa escapada en bicicleta.
De laguna en laguna en auto o a puro pedal, hacia uno de los circuitos de observación de la geografía y naturaleza andina más atractivos del Cusco turístico. Anímate a recorrerlo. Sentirás la tranquilidad que emanan los cuatro espejos de agua, mientras respiras el aire rebelde de la altura y renuevas tus energías con los cálidos rayos del Inti, el padre y el dios de los incas.
Pomacanchi: la primera laguna

Mi plan tenía un solo objetivo: ir a Waqrapukara, la fortaleza o centro ceremonial encaramado en lo alto de una montaña en forma de cornamenta. Esa fue la razón por la que salí de madrugada del Cusco hacia Pomacanchi (provincia de Acomayo), donde abordaría una movilidad hacia la comunidad de Santa Lucía. Punto de partida de la caminata hacia mi destino arqueológico construido por los canchis e incas.
Al retornar decidí pernoctar en Pomacanchi. Al día siguiente visitaría la laguna inmensa que da la “bienvenida” al pueblo (a 3696 m s. n. m., y a 101 km al sur del Cusco). Su nombre hace referencia al puma andino (poma) y a los canchis, una cultura preincaica que se desarrolló en los Andes y el Altiplano. Sus orígenes se encuentran en el periodo precerámico (de los 5000 al 1500 a. C.)
Temprano iría a la laguna para echarle un vistazo a sus 2120 hectáreas de extensión y luego retornar al Cusco (2 h 30 min aproximadamente). Eso es lo que pretendía, pero, si algo se aprende en los caminos es que los itinerarios se pueden y deben modificar, sobre todo cuando te enteras de que muy cerca de donde estás hay tres lagunas más por descubrir. La ciudad tendría que esperar.
Sí, esperar a que termine de conocer Pomacanchi, donde hay senderos, zonas de camping, pastos naturales y totorales; donde se han registrado 11 especies de aves endémicas, incluyendo flamencos andinos (parihuanas); donde es posible pescar pejerreyes y practicar diversas actividades acuáticas. Mucho por hacer. Mucho por ver. ¡Ah, y pensar que este es solo el principio del circuito!
Un circuito accesible

Cuatro lagunas en 24 kilómetros. Esa es la distancia que separa a Pomacanchi de Pampamarca (3750 m s. n. m.), el último espejo de agua del itinerario. Entre ellas están las dos restantes: Acopia (3707 m s. n. m.) y Asnaqocha (3800 m s. n. m.) Todas se encuentran al lado de la carretera, lo que facilita la visita en un vehículo motorizado o en bicicleta.
Si ya estás en Pomacanchi, contrata los servicios de un taxista local. Antes de subir, acuerda el precio y las condiciones del servicio (duración, tiempos de espera, inicio y final de itinerario). El costo fluctúa entre los 80 y los 120 soles. Todo dependerá de tu capacidad de negociación y, también, del ánimo del conductor, el estado del vehículo y el número de pasajeros, por citar algunos factores.
Si vas a salir del Cusco, aborda las unidades del transporte público que se dirigen a Sicuani (salen de Wanchaq, altura del coliseo cerrado) y baja en el pueblo de Cusipata o en el puente Chuquicahuana (2 h, aproximadamente, costo del pasaje: 15 soles, precio referencial). En ambos lugares encontrarás colectivos y taxis hacia Pomacanchi (Costo: 10 soles. Tiempo de viaje: menos de una hora).
Pero la forma más sencilla de visitar las lagunas es contratar los servicios de un operador local. Las agencias te ofrecerán el traslado y la compañía de un guía especializado que te explicará distintos aspectos relacionados con la ruta. Ellos, por ejemplo, te hablarán de Tupac Amaru II y la influencia que tuvo el líder rebelde en esta zona, por ser el cacique de Pampamarca, Tungasuca y Surimana.
Acopia: la laguna musical

Tiempo de partir. Rumbo a la segunda parada. El taxi avanza, pero Pomacanchi no se va, se mantiene en el horizonte. Compañera de ruta, la veo a través de la ventana. Sus tranquilas aguas azules hermosean el paisaje y gran parte del trayecto hacia la pequeña laguna de Acopia, en el distrito del mismo nombre (12 kilómetros, 17 min, aproximadamente).
Bajar para admirarla. Sensación de sosiego y libertad. Belleza andina, siempre montañosa, siempre inspiradora. Acopia es un remanso de aguas esplendorosas con aves que revolotean y con vegetación característica de la altura. Aquí, si vas con un guía, te hablarán de Valeriana Huillca Condori, la mujer nacida en esta tierra que motivó uno de los huaynos más famosos del Perú.
Valeriana, conocida en su pueblo como la Valicha, despertó el amor de su joven maestro, Miguel Ángel Hurtado. Los padres de ella no aceptaron el romance y la enviaron al Cusco. Dolido y con el corazón desgarrado, Hurtado —quien se convertiría en un destacado músico— compondría en 1942, la melodía y letra de un tusuy dedicado a ella. En 1945 usaría la misma tonada para crear una versión en huayno.
Pero las letras difieren en idioma y contenido. El tusuy, escrito en español, resalta la belleza de Valicha —la “cholita flor de la tierra”— y describe la desdicha del enamorado que está “sufriendo y llorando”. En cambio, las estrofas del huayno develan el despecho del autor, quien en quechua afirma que, en el Cusco, la hermosa Valeriana molía maíz en las picanterías y robaba corazones en los cuarteles.
Asnaqocha y Pampamarca: las últimas paradas

Basta de canciones. Vamos a la tercera parada: Asnaqocha o Asnacocha, en el distrito de Mosoqllacta (provincia Acomayo). Llegar es sencillo. El vehículo continúa por la misma vía y después de 15 minutos, aproximadamente (la distancia es de 9 km), te dejará en la “laguna maloliente”. Sí, ese es el significado de su nombre en español, pero, no te asustes, no tendrás que utilizar una máscara antigás para visitarla.
Su “peculiar” aroma se origina por la acción del Sol sobre las algas que crecen en las aguas. El olor no es nocivo ni te impedirá disfrutar de este destino. Es más, algunos viajeros acampan en las orillas de esta laguna que tiene una superficie de 3,199 km², siendo el octavo espejo de agua en tamaño de la cuenca alta del Vilcanota o Urubamba, el río sagrado de los incas.
Falta poco, muy poco para terminar el circuito. Pampamarca está a solo 5 km de Asnaqocha. La laguna, localizada en el ingreso al distrito del mismo nombre (provincia de Canas), es conocida también como Tungasuca, por la cercanía de ese pueblo. El viaje toma menos de 10 minutos. Durante el trayecto verás otros ángulos de la vistosa, pero maloliente laguna.

Ya en Pampamarca te darás cuenta de que en su superficie prolifera la totora, una planta acuática con la que los pobladores construyen rústicas embarcaciones, como sucede en el lago Titicaca (Puno) y en las playas de Huanchaco (La Libertad) y Pimentel (Lambayeque) en la costa norte del Perú. Su uso es ancestral y se remonta a los orígenes de las civilizaciones andinas.
Aquí verás flamencos (parihuanas) y patos silvestres, entre otras especies de aves que le dan vida a Pampamarca. Sus aguas son aprovechadas para el consumo humano y agrícola. Antes de iniciar el retorno al Cusco, aprovecha para visitar el centro urbano del “pueblo de la pampa”, ese es su nombre en español. Te llevarás más de una sorpresa.
Sí, también es una apuesta ganadora.

enero 1, 2025