Cusco: escape a las ciudades cercanas

Cusco, solo Cusco y únicamente Cusco en tu visita al Perú. Piénsalo: la ciudad ancestral fundada por los incas, el espectacular Valle Sagrado, la colorida montaña Vinicunca y la maravillosa Machu Picchu —que, pase lo que pase, siempre conserva su mágico encanto—. Lo clásico. Lo tradicional. Lo indispensable, pero no lo único. Hay más, muchos lugares más por conocer y explorar en el “ombligo del mundo”.

¿Qué debes hacer? ¿Pasar todas tus vacaciones en tierras cusqueñas o partir hacia otros destinos? Ese es el dilema y la duda viajera que tendrás que despejar al planificar tu travesía. Si decides quedarte tendrás un variado y sustancioso menú que incluye itinerarios con “alto contenido” de arqueología, naturaleza y cultura viva, además de rutas “sazonadas” con harta adrenalina.

Tanto por ver y conocer que dan ganas de quedarse varios días más para caminar hacia el parque arqueológico de Choquequirao (4d/3n) o navegar en el pongo de Mainique, donde los acantilados acorralan al cauce del Urubamba. Son tres kilómetros en los que el río tiene un ancho de 45 m, tres kilómetros con torrentadas e impetuosas caídas de agua, tres kilómetros de acción y aventura.

Si te gustan las montañas escápate hacia el Quelccaya, el glacial tropical más extenso del mundo. Si prefieres el bosque y la biodiversidad, enrumba hacia el parque nacional del Manu. Si quieres acercarte aún más al pasado y a la arquitectura prehispánica, Waqrapukara es un buen destino; y, si te fascina el arte religioso colonial, recorre los templos de la Ruta del Barraco Andino.

El menú es más amplio, pero no quiero “empacharte”. Y es que, aunque no lo parezca, este texto no pretende que pases todas tus vacaciones en Cusco. Todo lo contrario. La intención era o es —todavía estoy a tiempo de reorientar mis palabras— motivarte a partir hacia otras regiones, ciudades y pueblos, a pesar de los múltiples encantos del principal destino turístico de mi país.

Del Cusco hacia otros destinos

Aclarada la intención de este relato, es pertinente mencionar que, desde la antigua capital inca, puedes viajar por carretera hacia varias capitales regionales, como Abancay, Arequipa, Puno y Puerto Maldonado. Hay buses todos los días y en diferentes horarios. El punto de partida es el terminal terrestre de la ciudad, localizado en el distrito de Santiago. 

En Abancay, capital de la región Apurímac, te espera el Santuario Nacional del Ampay, un área protegida con nevados, lagunas y e intimpas (los árboles del sol), una especie endémica de los Andes. Otras opciones son Cachora, el pueblo donde empieza el camino a Choquequirao y el cañón del Apurímac. A la hora de comer, pide el tallarín de casa con gallina. (Tiempo de viaje: 6 h. Pasaje: 50 soles).

Si quieres pasarla como “cañón” (“muy bien” en español peruano), Arequipa —capital de la región del mismo nombre—, es tu lugar. No solo por la arquitectura de su Centro Histórico, sus afamadas picanterías (templos de la cocina tradicional) y sus vistosos volcanes sino por los cañones del Colca y Cotahuasi, dos de los más profundo del planeta. (Tiempo de viaje: 10 h. Pasaje: 75 soles).

Pero como no todo es altura y profundidad en el Perú, enrumba hacia el verdor biodiverso de Puerto Maldonado, la capital de la región Madre de Dios. En esta ciudad se inician los tour hacia la reserva nacional Tambopata. Navegar en ríos y lagunas y caminar por las trochas de barro, te acercarán a la flora y fauna amazónica. Naturaleza en su máxima expresión. (Tiempo de viaje: 10 h. Pasaje: 70 soles).

Sí, ya lo sé, falta un destino: Puno, la capital de la región del mismo nombre. Paciencia. Este texto todavía no termina. Así que hay tiempo y espacio para escribir sobre la “Ciudad Altiplánica” (3827 m s. n. m.) y el Titicaca, el lago navegable más alto del mundo. No solo eso, te contaremos sobre los diablos de la fiesta de la Virgen de la Candelaria y de las chullpas (monumentos funerarios) levantadas por los pueblos antiguos. Si quieres saber más, sigue leyéndome.

La Ruta del Sol

Viajas, observas y caminas. Subes y bajas en lugares estratégicos, en sitios impactantes. Y admiras el arte religioso de un templo colonial y la pétrea arquitectura de una zona arqueológica. Y sientes los rigores de la altura en un abra altiplánica que es final y principio. Y, en la última escala, te quedas absorto al tratar de interpretar los trazos míticos de los monolitos de un pueblo antiguo.

Así, entre paradas y hallazgos, entre aprendizajes y sonrisas, te alejas del Cusco urbano por la llamada Ruta del Sol, una propuesta turística que convierte la travesía de 386 km hacia Puno, en un full day con visitas al templo colonial de San Pedro de Andahuyalillas, la “Capilla Sixtina de América”, y al parque arqueológico de Raqchi, donde los incas adoraban al dios Viracocha, el creador de todas las cosas.

Sus muros de piedra y barro de 14 metros de altura y sus columnas cilíndricas con sólidas bases líticas, revelan la trascendencia de este templo y guarnición militar construida en el siglo XV. Raqchi te sorprenderá. En Raqchi te despedirás simbólicamente del Cusco arqueológico. Te acercas a Puno. Pronto estarás en La Raya, el abra o paso de altura a 4335 m s. n. m. que marca el límite regional.

Cusco y Puno se encuentran en este paraje de ichu (pasto de altura) y montañas pintadas en el horizonte. Aquí es inevitable pensar que, según la leyenda, los fundadores del imperio inca, Manco Capac y Mama Ocllo, emergieron de las aguas del lago Titicaca, entonces, tu recorrido es, de cierta manera, un viaje a la raíz y a los orígenes del Tawantinsuyo, la mayor estructura estatal de Sudamérica.

La Ruta del Sol, operada por buses turísticos que parten de Cusco y Puno (Tiempo: 10 h, pasaje: 50 soles), continúa con la visita al Museo Lítico de Pukara, donde se exhiben monolitos y estelas con figuras antropomorfas, zoomorfas y geométricas, elaborados por los pukara, un pueblo preincaico que se desarrolló en el altiplano peruano y boliviano entre los años 500 y 380 d. C.

La ciudad del Titicaca

El ocaso coincide con el final de la Ruta del Sol. Anochece en Puno, la “Capital Folclórica del Perú” que en febrero se entrega a la fe, a la música y a la danza para homenajear a la Virgen de la Candelaria. Días de fiesta en los que la ciudad es tomada por tropas de diablos bailarines que son combatidas por el valiente arcángel Miguel que, espada en mano, trata de encaminar a las huestes del maligno.

La diablada es una de las danzas principales en la fiesta de la mamita o mamacha Candelaria, la imagen amada que sale al atrio de la iglesia de San Juan Baustista, su santuario, para ver el paso de los conjuntos de saya y morenada, de caporales y llamerada, entre otros. También escucha las vibrantes zampoñas de las tropas de sicuris. Son miles de devotos de la ciudad y el campo que hacen vibrar las calles.  

Pero Puno no solo es fe, fiesta y folclore. Puno es el lago Titicaca, el gigante lacustre compartido por Perú y Bolivia. Atrévete a surcar sus aguas míticas para desembarcar en las cercanas islas flotantes de los uros, construidas o tejidas con totora por los descendientes de un pueblo ancestral. Si te encantan las experiencias vivenciales y culturales tienes que ir a Taquile o Amantaní… ¡mejor a ambas!

Vida en comunidad entre andenes y vistas espléndidas del Titicaca. En estas islas el hoy por mí y mañana por ti, no es una frase vacía. Se aplica. Está vigente. Es la clave para una convivencia armónica. Cuentan los isleños que eso lo aprendieron de sus antepasados. No es lo único. Ellos les enseñaron a trabajar la tierra y a respetar a la naturaleza y al lago. También a plasmar su cosmovisión, creencias y costumbres en sus tejidos.

Creencias y visiones que van mucho más allá de la existencia terrenal, como te darás cuentas en las chullpas de Sillustani, las construcciones funerarias de hasta 12 m de alto erigidas inicialmente por el reino aimara de los collas (1150 y 1477 d. C.) Ellos creían que esas inmensas torres de piedra —aunque también las hay rectangulares — facilitarían el viaje a la eternidad de sus líderes.

Te das cuenta, el Perú turístico no empieza ni termina en el Cusco. Alista tu mochila y escápate a las ciudades y destinos cercanos. No te vas a arrepentir. Vayas donde vayas la pasarás muy bien. Palabra de viajero.

            

septiembre 29, 2025