Cusco en temporada baja: ¿una buena idea?

Viajar en temporada baja: menos gente, mejores precios. Suena tentador, pero, antes de armar la mochila o la maleta es necesario averiguar por qué el número de visitantes disminuye en determinadas fechas. La información es clave cuando se trata de elegir un destino. No vaya a ser que por andar de despistado termines “veraneando” en invierno o “esquiando” en una pista sin nieve.
Gastar menos no es siempre la mejor decisión. Imagina que por ahorrar te vas al Caribe en la temporada de huracanes. Es obvio que no la pasarás bien, salvo que seas un cazador de estos fenómenos meteorológicos. Solo un ejemplo de las muchas situaciones que un viajero desprevenido —y acaso inexperto— podría enfrentar por ignorar las razones de las temporadas bajas.
Dejemos el Caribe y aterricemos en el Cusco, la “Capital Histórica del Perú” y el lugar que en este espacio te invito a explorar de manera responsable. El objetivo es que disfrutes al máximo de la experiencia en el “ombligo del mundo” porque, aunque aquí no hay huracanes, el clima se “aloca” y se humedece más que un poquito de noviembre a marzo.

Meses de lluvias y hasta tormentas en los Andes. Las precipitaciones suelen “empapar” las travesías y ensombrecer el cielo azul, azulito y luminoso del principal destino turístico del país. Si eso no te molesta demasiado y estás acostumbrado a los rayos y los truenos, la temporada baja en el Cusco podría ser atractiva para ti. Un momento. Antes de que tomes una decisión, te recomiendo leerme hasta el final.
Y no es que esté jugando al misterio. Solo quiero explicarte los pro y los contras de recorrer los valles y las montañas, los pueblos y las zonas arqueológicas, las alturas y las zonas boscosas cuando la amenaza de un aguacero es latente. Así que el primer consejo o recomendación para ti es: nunca olvides tu impermeable o poncho de lluvia y lleva siempre una muda de ropa por si caen demasiadas gotas.
Lo positivo de la temporada

En las películas suelen decirse: “tengo una buena y una mala noticia, ¿cuál quieres escuchar primero?” Y si bien no estamos en el cine, me pareció oportuno reiniciar mi relato con esta interrogante. Y es que viajar en temporada baja tiene dos caras, una positiva y otra que no lo es tanto. Ya les hable de la lluvia y también de la menor presencia de turistas, pero hay otros matices que debes tener en cuenta.
Por ejemplo, más allá del clima tormentoso, el Cusco siempre es hermoso y cautivante. Esa es una de las razones por la que, incluso en los malos tiempos turísticos, siempre hay un buen número de visitantes. Nunca estarás solo en sus plazas y calles. Un punto a favor si eres de aquellos a los que les encanta hacer amigos de distintas nacionalidades en sus travesías.
Bueno, sigamos por la ruta positiva. Si bien las lluvias se inician en noviembre y terminan en marzo, estas son especialmente intensas en febrero. Sí, en el “febrero loco” que sigue al “enero poco” y antecede al “marzo borracho”, según los cusqueños. Esa “locura” no es una “habladuría”. Lo sé por experiencia, como sé, también, que los otros meses son más calmados.

Te explico, en noviembre y diciembre las precipitaciones no son tan intensas. La experiencia enseña que las “lágrimas” del cielo caen por lo general en las mañanas (antes del mediodía) y en las noches (desde el atardecer). Esto deja una ventana de tiempo para hacer los recorridos turísticos sin usar los impermeables. Eso sí, lo más probable es que el sol no brille con fuerza en esas jornadas.
Otra buena noticia es que después de una noche de lluvia persistente, es probable que el día siguiente esté despejado. “El cielo ha descargado”, se escucha en las calles cuando brilla el taita Inti (padre Sol). También te dirán que, más allá de las tormentas, la temporada lluviosa no es la más fría del año. El clima es más extremo en junio y julio, coincidentemente en la temporada alta.
Cuidado con las lluvias

Es tiempo de escribir sobre el otro lado de la moneda. De lo positivo a lo negativo, sin olvidar que el Cusco es siempre un buen destino. Ya mencioné las locuras de febrero, lo que no les conté es que, a veces, las lluvias fuertes se anticipan al calendario, presentándose en los últimos días de enero o extendiéndose hasta los principios de marzo. Tenlo en cuenta al planificar tu travesía.
Las precipitaciones ocasionan diversos problemas. Los ríos incrementan su cauce y se desbordan, las montañas se desmoronan (huaicos) y los caminos se interrumpen. No siempre ocurre, pero es una posibilidad latente. Si estás en la ciudad en esta época del año, trata de mantenerte informado sobre el estado de las rutas antes de salir del Centro Histórico.
Lo que sí está totalmente descartado en febrero, más allá de la intensidad de las lluvias, es recorrer el Camino Inca a Machu Picchu. Todos los años, las autoridades cierran la vía ancestral por precaución y para darle mantenimiento. No sucede lo mismo con la llaqta. Nuestra maravilla del mundo permanece abierta, al igual que los demás monumentos arqueológicos cusqueños.

Si los visitas es altamente probable que el cielo esté brumoso —adiós a las fotos con un horizonte diáfano— y los senderos enfangados —lleva calzado waterproof y antideslizantes—. Además, es muy probable que en cualquier momento se desate una precipitación. Solo Dios y el hombre del tiempo podrían prever si será corta o larga y, como ellos no se comunicarán contigo, lo mejor es tomar precauciones.
Un buen impermeable y prendas de secado rápido (quick-dry) te serán de mucha utilidad. Total, es mejor prevenir que caminar con la ropa mojada a más de 3000 m s. n. m. Otra recomendación: si se presentara una tormenta eléctrica busca refugio, a no ser que quieras convertirte en un yatiri, los sabios aimaras que, según me contaron, obtienen sus conocimientos luego de sobrevivir al impacto de un rayo.
Las últimas advertencias

Basta de lluvia. El cielo se despeja. Pronósticos de buenas noticias. Sí, buenas noticias, porque en los meses de menos afluencia turística las tarifas de los hoteles —los grandes y los chicos, los de muchas estrellas y los casi “estrellados”— son más bajas. Ocurre lo mismo con los precios de los tours de mayor popularidad, con los taxis y hasta con los menús de los restaurantes.
Nada mal si el ahorro es una de las consignas de tus travesías. Tú decides si viajas al Cusco en los meses brumosos. Ya te advertimos sobre los problemas que causan las lluvias, pero si estás dispuesto a asumir los posibles contratiempos, bienvenido a la “Ciudad Imperial”. Total, en diciembre, las celebraciones de la Navidad y el Año Nuevo atraen a un buen número de visitantes.
En febrero o marzo, el Carnaval en la ciudad y en los pueblos cercanos es muy divertido. Se juega, se baila y se brinda. Suena bien y se vive mejor. ¿Te animas o quieres más razones? Te doy una. Al final de los meses lluviosos, las chacras y los andenes están verdes, muy verdes. Un deslumbrante espectáculo visual que pierde color —digamos que se marchita — en la temporada alta.

Una curiosidad adicional, el perfil de los visitantes cambia en esta temporada. En noviembre es común que las promociones escolares enrumben hacia la llamada “Capital Arqueológica”. A finales de diciembre, grupos de jóvenes limeños eligen a la antigua capital incaica para festejar el Año Nuevo. En los meses restantes, se incrementa el número de viajeros sudamericanos.
Misión cumplida. Ya te di varios detalles y alcances sobre la temporada baja en el Cusco. Si me preguntas si vale la pena turistear en ese periodo, mi respuesta es sí, siempre y cuando seas consciente de que la lluvia será tu compañera y que sus gotas podrían estropear alguno de tus planes. Si eso no te molesta ni incomoda demasiado, quien soy yo para decirte que no nos visites. ¡Te esperamos!

enero 8, 2026