2026: año de caminatas en el Cusco

Veo varios caminos en tu futuro. Sí, te veo en senderos sinuosos en las faldas de la cordillera y en los bosques de la Selva Alta. Sí, ahí estás, no tengo dudas, andando bajo la mirada protectora de los Apus, las montañas sagradas, ascendiendo terca y esforzadamente hacia un abra, bajando con paso ligero y renovado hacia un retazo de verdor que, tan solo un par de kilómetros atrás, parecía un espejismo.
No soy vidente ni adivino. No leo las cartas ni las hojas de coca, pero, en el 2026, te veo caminar en los Andes y la Amazonía del Cusco. Quizás es más un deseo que una visión. Me encantaría que dejaras tus huellas de aventurero en alguna de las rutas de senderismo del llamado “ombligo del mundo”. Son varias, son muchas. Lo sé por experiencia… ¡una experiencia que debes vivir!
Hazlo. Asúmelo como uno de tus propósitos del año que está por comenzar. Hay tiempo para organizar tu travesía y de prepararte físicamente si no eres un experto en las andanzas de largo aliento. ¿Qué te parece? Ya te ves con tu mochila en un camino ancestral. Ya te ves acampando en la altura o en un retacito del monte. Ya te ves llegando cansado, pero, infinitamente feliz a tu objetivo rutero.

Imagínate la sensación de explorar los dominios de los venerados apus Ausangate y Salkantay —con sus lagunas, con sus cumbres congeladas, con sus miles de metros sobre el nivel del mar—. Imagina lo que sentirás en el camino que te llevará, en una sola travesía, a la espléndida Choquequirao y a Machu Picchu, la maravilla del mundo, el sueño turístico de millones de viajeros.
Y tú llegarás después de caminar ocho o nueve días. Misión cumplida. Momento fantástico. Tu recuerdo imborrable de 2026. Sí, vuelvo a escribirlo, eso es lo que veo en tu futuro sin leer las hojas de coca. Solo soy un viajero que te desea lo mejor en el Año Nuevo y que espera verte en los circuitos de su tierra. Y es que estoy seguro de que los disfrutarás desde el primer paso.
El inicio de la aventura

Despertar temprano. Cargar la mochila. Abandonar la habitación. Salir a la ciudad adormecida. Sombras y viento frío. Cusco al amanecer. Una van que se aleja de la “Capital Histórica del Perú”. Cusco que empieza a quedar atrás. . En su interior los pasajeros conversan o tratan de reconciliarse con el sueño. Tú eres uno de ellos. Tú, al igual que ellos, anhelas dar el primer paso.
El vehículo avanza entre valles y montañas, entre pueblos y comunidades. Ahora, el sol se sacude de las brumas. El horizonte se ilumina con sus rayos. “Tendremos buen clima”, anuncia el guía cuando se acerca el momento de abandonar la van. Pronto se iniciará la caminata de cuatro o cinco días que te llevará a ¿Choquequirao, al Ausangate o al Salkantay?
Ese suele ser el principio de las aventuras pedestres de largo aliento. La salida madrugadora, el viaje hasta el punto de partida —una comunidad campesina, un puente colgante, acaso una quebrada— el desayuno con una bebida caliente para replegar al frío, las recomendaciones del guía y la última inspección al equipaje para asegurar que no falta nada.

A veces, también, surgen las dudas. ¿Lo lograré? ¿Soportaré la altura y las bajas temperaturas nocturnas? Ya no hay marcha atrás. Es muy tarde para arrepentirse. ¡Camina!, es lo que tienes que hacer. Con calma, sin prisa, admirando el paisaje, deteniéndote para hacer una foto y convenciéndote de que siempre se puede dar un paso más. Ese paso que te ayudará a llegar al campamento o al refugio.
Descansar para recuperar fuerzas y continuar al día siguiente. ¿Será la jornada más dura? Bah, ya no importa. Sabes que lo lograrás, aunque tu corazón suene como un bombo en el ascenso al abra o paso de montaña. El punto más alto. La atalaya desde la que observarás la geografía a plenitud, entonces, te darás cuenta de que cada metro recorrido valió la pena… ¡Volverás a la ruta con paso impetuoso!
Dos llaqtas un camino

Ir a Choquequirao y a Machu Picchu caminando es una posibilidad más que tentadora. Todo comienza en el pueblo de Cachora (provincia de Abancay, región Apurímac). Esa es la ruta más popular entre los viajeros y, por lo general, el trekking dura cuatro días y tres noches. Las jornadas son intensas porque tendrás que bajar y subir por los farallones del cañón del Apurímac.
En tu andar encontrarás zonas de camping y albergues para pasar la noche y alimentarte. A diferencia del Camino Inca a Machu Picchu, este sendero no es prehispánico, pero, no te desanimes, es fascinante. Una de las “ventajas” de esta aventura es que no es necesario tomar los servicios de una agencia u operador, aunque si deseas aligerar tu marcha puedes contratar un arriero en el pueblo.
Son aproximadamente 60 km los que separan a Cachora de Choquequirao, considerado el “último refugio de los incas”. La distancia se acorta si llegas por carretera hasta el mirador de Capuliyoc (11 km, aproximadamente), donde se inicia un esforzado descenso al cañón. Más allá de las bajadas y pendientes, la altura es parte del reto (3050 m s. n. m. es la mayor elevación). ¡Aclimátate antes de partir!

El ingreso al parque arqueológico cuesta 60 soles (peruanos) y 70 (extranjeros). Ya en tu destino, te impresionará su belleza escénica, su magnífica arquitectura lítica y sus andenerías en las que resaltan las “llamas del Sol”, “dibujadas” con piedras blancas en los muros de las terrazas agrícolas. Estas son únicas y se encuentran frente al cañón del Apurímac y de la cima congelada del mítico nevado Salkantay.
Ahora bien, si eres un auténtico todoterreno atrévete a continuar tu marcha hasta Machu Picchu (también es posible acceder por el clásico camino inca de cuatro días). El desafío mayor. El reto consagratorio. El trekking que, en ocho o nueve días, te llevará a dos de las mayores joyas arquitectónica del mundo andino. ¿Te sientes preparado para emprender esta exigente y maratónica travesía?
Las rutas de los Apus

La Vuelta al Ausangate y el Salkantay Trek son otras opciones camineras en el Cusco. Los senderos que rodean y se aproximan a los Apus del “ombligo del mundo” te acercarán a espacios geográficos y culturales en los que tu cansancio se nutrirá con la espiritualidad andina. Esa sensación le dará un matiz especial a cada paso y kilómetro recorrido.
El Salkantay, “la montaña salvaje o indomable”, es un gigante de 6271 m de altura. Su ubicación es disputada por las provincias de La Convención y Anta, pero, ese detalle importa poco en esta ruta de 70 a 75 km que se recorren en 5 días y 4 noches. Durante el trayecto, se visita la laguna Humantay, se supera el abra Salkantay (4600 m s. n. m.) y se desciende al valle amazónico de Santa Teresa.
La experiencia termina en Machu Picchu (a la llaqta llegarás por la ruta Santa Teresa-Hidroeléctrica). Eso no ocurre en la Vuelta al Ausangate (provincia Quispicanchi), un esforzado trekking de altura de 4 a 5 días por los dominios del “Apu sagrado que gobierna” (eso significa su nombre en español). Localizado en la cordillera de Vilcanota, tiene una altura de 6384 m s. n. m.

Jornadas de 6 y 7 horas diarias marcan el “paso” de un circuito pedestre (65 km, aprox) con lagunas, valles y abras que bordean los 5000 m de altura. Así, entre la geografía fantástica y el clima a veces hostil (vientos alborotados, noches frías, nevadas inesperadas) explorarás algunos de los parajes más hermosos del Cusco, como Vinicunca, la famosa montaña de los “siete colores”.
Si bien no es necesario contratar a una agencia u operador para recorrer Ausangate y Salkantay, es muy recomendable acceder a sus servicios, para que te olvides del tema logístico, sobre todo si no eres un fogueado caminante. Esto te permitirá disfrutar plenamente de tus andares cusqueños, como lo hacían los chasquis, los incansables mensajeros del Tawantinsuyo, el imperio de los incas.

enero 2, 2026